jueves, 22 de mayo de 2008

Vida de Santo Tomás de Aquino


"¿Qué es Dios?"

Al sur de Roma, se extendía en el siglo XIII el reino de Sicilia. Éste había sido conquistado a los musulmanes por caballeros normandos liderados por Roberto de Guiscard en el siglo XI. El emperador Federico II de Hohenstaufen, hijo de Constanza de Sicilia, heredó este reino que incluía Nápoles, Apulia, Calabria, Capitanata, Lucania y la isla de Sicilia.

Cerca de la ciudad de Nápoles, a 125 km. de Roma, en el Castillo de Roccasecca, nace a fines de 1225 Tomás de Aquino. Es el séptimo y último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos. Sus cinco hermanos varones mayores seguirán la carrera militar como su padre. Su padre era Landulfo, descendiente de los antiguos condes de Aquino, señor de Roccasecca y de un tercio de Monte San Giovanni, Loretto, Acerro y Belcastro, descendía de los antiguos reyes longobardos y estaba emparentado con el emperador Federico II ya que su madre era Francisca de Suabia, hermana del emperador Federico I, abuelo del segundo del mismo nombre. Su madre Teodora era hija de los condes de Teate y Chieti y descendía de los señores que procedentes de Normandía se establecieron en el sur de la Península Itálica en el siglo XI. Además, los Aquino estaban emparentados con los reyes de Francia, Castilla y Aragón.

Castillo de Aquino en Roccasecca.

Las tierras de los condes de Aquino fueron expropiadas en 1067, desapareciendo el título condal en 1130. En 1137 Pandolfo de Aquino recibe el señorío sobre Aquino, su hermano menor, Rinaldo, recibe el señorío (recientemente creado) de Roccasecca y un tercio de Montesangiovanni en 1157. Rinaldo contrajo matrimonio con una hermana de Roger de Medania, conde de Acerro. Con ella tuvo tres hijos: Ricardo de Aquino, en 1171 creado conde de Acerro, luego desposeído y condenado a muerte por el emperador Enrique VI; Sibila, mujer de Tancredo, conde de Lecce, y después rey de Sicilia; y Aimón, cuyos hijos Reinaldo II y Landolfo pelearon en favor de su tío Ricardo, sosteniendo contra las tropas imperiales el asedio del castillo de Roccasecca en 1197.

Rinaldo II murió poco tiempo después. Su hijo natural, Finigrana, murió en el castillo de San Germán en 1201. Landolfo heredó entonces todo el señorío de Roccasecca y el tercio de Montesangiovanni que pertenecía a los Aquino. Debido a los servicios prestados al emperador Federico II, éste le reconoció sus señoríos y lo nombró Justicia de las Tierras Laborables, a cargo de toda la administración civil y judicial del territorio.

Casado con Teodora de Teate, tuvo doce hijos, siete varones (Aimón, Jacobo, Landolfo, Rinaldo, Felipe, Adenolfo y Tomás) y cinco mujeres (Marotta, Teodora, María, Adela y una de nombre desconocido).

Aimón, el primogénito, tomó parte de la expedición a Chipre de 1232, donde fue hecho prisionero por los caballeros templarios, enemigos del emperador Federico II. Liberado gracias a la intervención del papa Gregorio IX, se involucró en la conjuración de Capaccio contra el Emperador. Descubierto, fue desterrado. En 1252, por mediación del papa Inocencio IV, pudo volver a Sicilia. El rey Carlos d' Anjou lo nombró Justicia de Sicilia en 1267. Murió en 1269.

Jacobo, el segundo, no fue guerrero como sus otros hermanos, a excepción de Tomás, sino que fue nombrado a instancias de su padre, con tan sólo 20 años, abad de la iglesia canonicial de San Pietro de Canneto en 1217. Su elección fue anulada por la Santa Sede por haber sido hecha contra los procedimientos canónicos.

Landolfo, el tercero, participó también en la conjuración de Capaccio contra Federico II. Fue desterrado, muriendo al poco tiempo.

Rinaldo, el cuarto, destacado poeta y literato (el primer rimador conocido en lengua italiana), fue también uno de los conjurados de Capaccio. En 1246 por orden del Emperador, fue ejecutado.

Felipe, el quinto, encabezó el asalto que tomó el castillo de Castrocielo en 1229. Por esta acción fue recompensado con el título de Justicia del Principado de Capua. Enterándose de la conjuración en que participaban sus hermanos, se plegó a la misma. Murió en el destierro.

Adenolfo, el sexto, participó en la conjuración con sus hermanos. Logró reconciliarse con Manfredo, el hijo natural del Emperador, y con éste. Se casó con Flor delle Altre, heredera del condado de Belcastro.

Marotta, la hermana mayor, se hizo religiosa benedictina, llegando a ser abadesa del monasterio de Santa María de Capua. Teodora, la segunda, contrajo matrimonio con Roger de San Severino, conde de Marsico. María, la tercera, se casó con el primogénito de la casa de San Severino, en el castillo de Marano dei Abruzzi. Adela, la cuarta, fue esposa de Roger de Aquila, conde de Fondi y de Traietto (hoy, Minturno). La menor, cuyo nombre se ignora, murió de un rayo, en Roccasecca, a los pocos meses de nacer Tomás.

Un ermitaño, el Padre Bueno, profetizó a su madre que el niño que estaba por nacer "entrará a la Orden de los Frailes Predicadores y tan grande será su ciencia y santidad que en su día nadie podrá igualársele".

Debido a esta experiencia traumática de ver a su hermana morir fulminada por un rayo, según se cuenta, cada vez que se aproximaba una tormenta, Tomás buscaba refugio en una iglesia. Después de su muerte, surgió una devoción popular de Santo Tomás como protector contra las tormentas eléctricas y la muerte súbita.

Un día cuando una de las mujeres que trabajaban para su familia quería bañarlo, el pequeño Tomás se negó a soltar un pedacito de pergamino que sostenía en su mano con toda su fuerza. Llamaron a su madre y cuando finalmente lo soltó, vieron que tenía escrito "Ave Maria". Desde entonces, cuantas veces lloraba, la nodriza no podía hacerlo callar sino dándole el escrito, que el niño inmediatamente se llevaba a la boca.

Cerca del Castillo donde nació estaba la famosísima abadía benedictina de Montecassino, donde su tío Landolfo Sinibaldi de Fieschi era abad. Allí lo llevaron a hacer sus primeros años de estudios. Para solventar los gastos del pequeño Tomás, su padre donó 30 libras de oro y un molino.

En la abadía Tomás permanecerá por 9 años, aprendiendo letras, gramática latina, gramática italiana, música, poesía y salmodia, moral y religión. Nos dice Pedro Calo que aprendía de memoria los salmos e himnos de la liturgia, además de las lecciones de sus maestros. Una pregunta lo desvelaba y perturbaba a sus maestros, nos dice Pedro Calo: Quid est Deus? ("¿Qué es Dios?").

Abadía de Montecassino (vista actual).


En 1236, los monjes entran en conflicto con el Justicia del Principado de Capua, Felipe de Aquino, el hermano de Tomás. La relación con los oficiales imperiales se iba deteriorando rápidamente. En marzo de 1239, el excomulgado emperador Federico II manda expulsar a todos los monjes de la archiabadía fundada por San Benito, acusándolos de traidores por apoyar al Papa. Unos once que se resistieron fueron pasados a espada o murieron quemados dentro de la abadía que fue incendiada.


En la Universidad.

Por recomendación del abad, Esteban de Corvario, Tomás continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles, fundada en 1224 por el emperador Federico II durante su enfrentamiento con la Universidad de Bologna, que apoyaba al Papa.

Previamente, Tomás visita a su madre Teodora en Loretto. En la noche del 10 de diciembre del 1294, veinte años después de la muerte del Aquinate, en ese lugar será colocada por "ministerio angelical" la Santa Casa de Nazareth, donde vivió la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Allí se construirá una importante basilica y la imagen de la Virgen que allí se colocó es aún hoy una de las devociones marianas principales.

Durante su estadía en la Universidad de Nápoles, desde abril de 1239, supera a todos sus compañeros en inteligencia. Se acomoda en el monasterio benedictino de San Demetrio, cerca de la Universidad. Estudia el trivium (lógica, retórica y gramática) con Pedro Martín (o Martini) y el quadrivium (matemática, música, geometría y astronomía) con Pedro de Hibernia. Además, es introducido por sus maestros en la Filosofía y la Teología. En algunas de sus obras, por ejemplo, S. Th. 3 prolog. o en el Oficio de Corpus ad Matutinas lectio Ia., se nota el arte aprendido en la Facultad de Nápoles según el método del cursus.

Pronto se hace notar por su memoria e inteligencia. Antecedebat omnes conferendo et disputando (Bartolomé de Capua). Tam luculenti coepit esse ingenii et intelligentiae perspicacis, ut altius, profundis et clarius aliis audita repeteret quam a suis Doctoribus audivisset (Guillermo de Tocco).

Durante este tiempo, conoce a los hermanos predicadores y se entusiasma por esa comunidad fundada tiempo antes por Santo Domingo de Guzmán y cuyo convento había sido eregido en 1231 bajo el patrocinio y advocación del fundador de la Orden desde su canonización en 1234.

"En el Cielo Santo Domingo pedía a San Benito le cediera al pequeño Tomás, porque el Verbo de Dios se lo exigía a Santo Domingo, para encomendarle la misión de dirigir la inteligencia cristiana" (Jacques Maritain).

Quiere hacerse religioso pero su familia, informada por su tutor, se opone. Por consejo de los dominicos decide esperar. En tiempos de la Navidad de 1243 fallece su padre Landolfo. A comienzos de 1244 en el convento dominico de Nápoles, finalmente, ingresa en la Orden de los Predicadores como novicio. Su padre espiritual fue el anciano Juan de San-Giuliano. El prior del Convento de San Domenico Maggiore era Tomás Agni da Lentini. El provincial de la Romana a la que pertenecía el convento era Humberto de Romans, futuro maestro general de la Orden.


Escudo de la Orden de los Predicadores (Dominicos).

"El Abad Fugitivo."
Al enterarse de su ingreso a la orden mendicante de Santo Domingo, a mediados de 1244, su madre Teodora emprende inmediatamente viaje hacia Nápoles, entre lágrimas y quejidos de sus vasallos de Roccasecca (G. Tocco). Tomás es trasladado por sus superiores que, enterados del viaje de su madre, lo envían al convento dominico de Santa Sabina en Roma donde se encontraba el maestro general de la Orden, Juan de Wildeshausen. En Roma, el general decide enviarlo a París para que continúe sus estudios y lo lleva consigo hasta Bologna donde iba a reunirse el capítulo general de la Orden.

Sus hermanos Aimón, Felipe, Reinaldo y Adenolfo, oficiales del ejército imperial destacado en Toscana, parten, con el visto bueno del Emperador, en su búsqueda. Al llegar el maestro Juan, el novicio Tomás y tres frailes más al paso de Acquapendente, en Toscana, deciden descansar junto a una fuente por el calor de mediados de mayo de 1244, cuando hombres armados dirigidos por el caballero Pedro de la Viña, íntimo del Emperador, los asaltan. Tomás, a pesar de su tamaño, no opone resistencia a sus captores. Pero cuando intentan quitarle el hábito, el gigante novicio no puede ser frenado. Finalmente, deciden dejárselo, y a pesar de las quejas del maestro Juan el Teutónico, lo suben a la fuerza a un caballo y se lo llevan al castillo del Monte San-Giovanni Campano, propiedad mancomunada de la familia Aquino, en cuya torre lo encierran.

Castillo de Roccasecca (vista actual).

Pocos días después, lo llevan a Roccasecca. A sus hermanas se les permite visitar a Tomás para tratar de persuadirlo, pero finalmente son ellas quienes son convencidas de la justicia de la causa de su hermano. Finalmente, los dominicos le hacen llegar a través de ellas los libros que éste les pide: la Biblia, el Brevario, las Sentencias de Pedro Lombardo y la Sofística de Aristóteles. Más aún, su hermana Marotta, la estudiosa de la familia, intenta disuadir a su hermano de seguir la vida del "mendigo" Santo Domingo, pero es Tomás quien la convierte. Marotta decide, entonces, seguir la regla de San Benito en Capua, un tiempo después. Incluso, se le permitió a fray Juan de San-Giuliano visitar a su hijo espiritual a escondidas de su madre.

Tomás aprovecha su encierro de dos años para aprenderse de memoria muchísimas partes de las Sagradas Escrituras y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo: las Sentencias de Pedro Lombardo. Además toma contacto con la Lógica y la Metafísica de Aristóteles.

Sus hermanos, de vuelta de Toscana, posiblemente durante el invierno, época en que se desintegraba el ejército y se permitía a los militares volver a su hogar, encuentran a que Tomás continúa obstinado. Le ruegan y lo amenazan, pero no logran quitarle la idea de seguir con su vocación. Le hacen jirones el hábito blanco y lo burlan para que se avergüence, le quitan sus libros. Finalmente, le envían a una prostituta. La mujer intenta tentarlo. Tomás toma en sus manos una rama encendida del hogar y se lanza contra la mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y Tomás, con la braza dibuja una cruz en la puerta frente a la cual se arrodilla a rezar. Esa misma noche contempló en sueños unos ángeles que venían a felicitarlo y le traían un cíngulo, en señal de la virtud de la pureza perpetua que le concedía Nuestro Señor.

Los ángeles reconfortan a Tomás.


La situación se hace insostenible para los Aquino. Son vasallos del herético emperador y a su vez deben honor al Papa. El maestro general de los predicadores presenta una queja formal a Inocencio IV pidiendo la inmediata liberación del novicio dominico. La vigilancia de sus hermanos se hace mucho más suave, y con ayuda de sus hermanas (y probablemente de su madre) escapa en una canasta donde es rescatado por sus nuevos "hermanos", a fines de 1245.

Según dejaron constancia los frailes, había "progresado tanto como si hubiese estado en un studium generale" durante su cautiverio.

La O. Predicadores y sus carismas: Alabar, Bendecir y Predicar.

Sus hermanos presentan una denuncia al papa Inocencio IV contra los dominicos. El Papa llama a Tomás a Roma para examinar sus razones para ingresar a la orden. Lo despide con su bendición y prohibe solemnemente que alguien interfiera con la vocación de Tomás.

En 1245, durante el primer Concilio de Lyon, es excomulgado y depuesto el emperador Federico II. Los hermanos mayores de Tomás, después de servir por décadas en el ejército imperial, se unen a la rebelión que nace en Parma. A pesar de sus primeros éxitos, la rebelión es aplastada por Federico II, y el conde de San-Severino, septuagenario líder de la revuelta y suegro de la hermana menor de los Aquino, Teodora, es capturado, torturado y, finalmente, ejecutado. El emperador ordena que se le corten la nariz y la lengua, y que su cuerpo sea arrastrado por todo Italia para que sea apreciado por todos el precio de la rebelión. Los hermanos de Tomás también son capturados. En 1246, Reinaldo de Aquino es ejecutado.

San Alberto Magno, el maestro.
En el convento de Nápoles completa su noviciado, mientras visita la Universidad de Bologna para aprender Teología. En la primavera de 1247 recibe formalmente el hábito dominico de manos del general de la Orden, Juan el Teutón que se hallaba de visita en Nápoles. A fines de 1247, el Teutón se lo lleva París al convento de Santiago para seguir sus estudios, dejándolo bajo el cuidado del más sabio Padre Dominico de ese tiempo: Alberto de Colonia, conocido para la posteridad como San Alberto Magno. En 1245 el Capítulo General de la Orden reunido en Colonia había enviado a Alberto a París a recibir su título de doctor y enseñar en el convento de Santiago donde se encontraban las dos cátedras dominicas incorporadas a la Universidad. El objeto de esta misión era defender con su presencia a los mendicantes que estabán a punto de ser expulsados de la Universidad. Cuentan que era tanta la cantidad de gente que concurría a sus clases que debían hacerse en una plaza pública de París. Cumplida su misión, en 1248, Alberto se lleva a su protegido a Colonia donde debía fundar un estudio general.

Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las discusiones le pusieron de apodo: "El buey mudo de Sicilia". Una vez un fraile compañero de clases en estado jovial lo llama diciéndole: "Fray Tomás, venga a ver el buey volador". Él se acercó a la ventana. Ante la risa de los demás, sólo dijo: "Es mejor creer que un buey puede volar, que pensar que un fraile pueda mentir".

Pero poco a poco sus compañeros se fueron dando cuenta de quién tenían al lado. Una historia cuenta que uno de sus compañeros tomó a Tomás como discípulo, ya que lo consideraban medio tonto, y cuando comenzó a explicarle, fue Tomás quien termino explicando al otro. De ahí en más, sería Tomás el tutor del joven fraile.

Un día Alberto pidió a sus alumnos que explicaran un oscuro pasaje del Libro de los Nombres Divinos del Pseudo - Dionisio Areopagita; uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó al sabio profesor. San Alberto al leerlos quedó pasmado de la brillantez del joven, lo cuestionó en público al otro día y recibió respuestas que dejó a todos admirados. El Maestro dijo entonces: "Fray Tomás, no parece usted un estudiante que contesta, sino un maestro que define y determina". A lo que Tomás contestó: "Dispense, Maestro; pero no veo otra manera de resolver la cuestión". Replicó fray Alberto: "Ahora responda usted con su distinción a estos argumentos". Y le dijo cuatro silogismos tan fuertes, que todo creyeron que lo había apabullado. Pero Tomás los contestó uno a uno con su distinción tan fácilmente que dejó a todos sorprendidos. Dirigiéndose a los otros alumnos en privado, Sam Alberto les dijo: "Lo llaman el buey mudo. Pero yo les aseguro que este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero" (Nos vocamus istum Bovem; sed ipse adhuc talem dabit in doctrina mugitum, quod in toto mundo sonabit).

A partir de ese día, el maestro Alberto lo tomó especialmente bajo su tutela y comenzó a desafiarlo con trabajos cada vez más difíciles. Fue en este tiempo que Tomás realizó un comentario a la Ética de Aristóteles y al Divini Nominibus del Areopagita. Muchos de estos manuscritos de apuntes de clase y comentarios realizados bajo la tutela del Doctor Alemán se conservan hasta la actualidad.

Sacerdote, Maestro y Doctor.
En 1251 es ordenado sacerdote por Conrado de Hochstaden, arzobispo de Colonia, según consta en la Bula de canonización. Su preparación para recibir el sacramento del Orden es ejemplar: oración, devoción al Santísimo Sacramento, adoración de Jesús.

Su familia se verá afectada también por la vida de Tomás: Su hermana mayor Marotta, consagrada a Dios en el monasterio benedictino de Santa María de Capua, moriría siendo abadesa. Su hermana menor Teodora, casada con el conde de Marsico y San-Severino, vivió y murió en gran virtud. Reinaldo se convirtió en fervoroso penitente y murió como mártir en defensa del Santo Padre.

Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: "La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía."

Al cabo de tres cursos en el Estudio General de Colonia (de 1248 a 1251), comienza su magisterio como Segundo Lector y Magister Studentium. Posiblemente, durante este tiempo escribió De Ente et Essentia y De Principiis Naturae.

En ese tiempo, seguramente a sugerencia de su madre, el Papa propone a Tomás ser nombrado abad mitrado de Montecassino sin abandonar el hábito dominico. De esta forma, el Papa quería congraciarse con los Aquino quienes habían sido desterrados por el Emperador. Se alojaban ahora en el castillo de Montesangiovanni Campano, en los Estados Pontificios, del que sólo un tercio les correspondía. El Santo se niega; como siempre se negará a toda dignidad o cargo. Su profunda humildad le impedía aceptar cualquier ofrecimiento de este tipo, pero las dudas lo acechan: ¿no sería quizás más útil a la causa de la Iglesia aceptando? Pero, según se cuenta, en una oportunidad se le apareció la Santísima Virgen María y le dijo que, tal como pensaba, no debía aceptar ningún cargo o dignidad ya que su misión era iluminar la Iglesia con sus escritos.

En 1252, quedó vacante el oficio de bachiller en la cátedra externa del convento de Santiago, asociada a la Universidad de París. Consultó el general de la Orden, Juan, a Alberto Magno. Éste, sin dudarlo, recomendó a fray Tomás. El Teutón se negó, quizás por que, a sus 27 años, era demasiado joven. Entonces, Alberto escribió al cardenal Hugo de Saint-Cher, legado del Papa en Alemania y antiguo regente del convento de Santiago, a la vez que el primer cardenal dominico. El Cardenal apoyó la candidatura del joven discípulo, logrando convencer al general de la Orden.

Juan el Teutón escribió a fray Tomás ordenándole encaminarse en los primeros días de septiembre de ese año 1252 hacia París para desmpeñarse como bachiller bíblico y para obtener su grado de maestro (magister).

Comenzó su curso en París glosando el texto de Baruch (4, 1), discurso inaugural que aún se conserva. Allí enseñaba bajo la dirección de fray Elías Brunet de Bergerac, quien había sucedido a Alberto de Colonia en 1248 en la cátedra externa o de los extranjeros. El bachiller bíblico tenía a su cargo un curso bíblico en el que debía exponer la letra de dos libros de las Escrituras por curso, sin sucitar dudas ni cuestiones, que quedaban a cargo del maestro.

Durante su estadía en la Universidad, Tomás se hace amigo de un fraile franciscano unos cuatro años mayor que él: Buenaventura de Bagnorea.

En 1254 comienza a enseñar las Sentencias de Pedro Lombardo (los Libri IV Sententiarum) como bachiller sentenciario.

Mientras tanto, comienza a prepararse para ocupar un cátedra como maestro en cuanto obtenga el título de doctor. Constantemente pide a Dios le otorgue los dones necesarios para soportar la responsabilidad de ser un maestro. Rezaba: "Señor, sálvame, pues la verdad desaparece de entre los hijos de los hombres". Un día al caer dormido, sintió que le decían: "Fray Tomás, ¿por qué estas oraciones y estas lágrimas?" Respondió: "Porque estoy obligado a asumir la tarea de maestro y me falta el necesario conocimiento. Incluso no sé qué tema desarrollar para mi recepción". -- "Acepta en paz el cargo de maestro, Diios está contigo. Y para tu conferencia inaugural, desarrolla sólo estas palabras: 'De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tu cielo hartas la tierra' (Salmo 103, 13)".

En esos años, vuelve a estallar el conflicto con la órdenes mendicantes en el seno de la Universidad parisiense. Ya en febrero de 1252, en una reunión clandestina, los doctores regulares, dirigidos por Guillermo de Saint-Amour, Cristián de Beauvais, Nicolás de Barre y Odón de Douai, decidieron que no se permitiría la apertura de nuevas cátedras a cargo de órdenes religiosas y que sólo se permitiría una por orden para las ya autorizadas.

En 1253, durante un enfrentamiento con la guardia de la ciudad de París, muere un estudiante y otros tres resultan heridos. Los doctores deciden cerrar las escuelas y juran no enseñar hasta que la ciudad resarciera a la Universidad por la violación de su autonomía. Las órdenes mendicantes se niegan a realizar el juramento, ya que el regente Alfonso, hermano del rey de Francia, había castigado a los culpables tan pronto como la justicia dio su fallo. Los doctores seculares, mediante un decreto de abril de ese año, prohiben ocupar cátedras a quienes no presten el juramento.

La situación de Tomás de Aquino y de Buenvanetura de Bagnorea, quienes debían asumir cátedras en la Universidad, en reemplazo respectivamente de Elías Brunet y Guillermo de Melitón, se complica bastante.

El prior de los dominicos y el guardián de los franciscanos apelan al Papa. El 1 de julio de 1253 Inocencio IV reconoció que los seculares se habían excedido en sus derechos, los reprendió severamente y les ordenó recibir de nuevo inmediatamente en su gremio a los maestros regulares, encargando a los obispos de Senlis y de Eureux su ejecución. El 26 de agosto el Papa debió insistir en una nueva comunicación donde tenía la esperanza que para la festividad de la Asunción de 1254 quedaría restablecida la calma.

En septiembre de ese año, el general de los Hermanos Menores, el franciscano Juan de Parma, comenzó a negociar en forma independiente con la Universidad. Finalmente, retiró las protestas y apelaciones y aceptó los decretos de los maestros seculares. Como consecuencia, los seculares aceptaron a Buenaventura de Bagnorea en el claustro sin reparos. San Buenaventura ejercerá el magisterio desde esa fecha hasta el 2 de febrero de 1257 en que fue elevado al Generalato de su Orden.

Los dominicos se encontraban en una situación mucho más difícil por la posesión de las dos cátedras: la interna o de los propios, y la externa o de los extranjeros. En octubre los seculares promulgaron la expulsión de los regentes dominicos. Son enviados dos bedeles al convento de Santiago para impedir las clases. Cuando comienzan a leer el decreto, los estudiantes se precipitan sobre ellos y los expulsan fuera del aula. Entonces es el rector junto con tres maestros en artes quienes ingresan a Santiago, pero tampoco pueden leer el decreto frente al griterío de los estudiantes que los acusan de estar armados. Fue imposible aplicar la sentencia.

Al poco tiempo, el Papa concede una cátedra a la Orden Cisterciense que había establecido un Colegio de Estudios en París, dispensa a los cistercienses de la prohibición que se encontraba en la regla sobre este asunto y ordena al canciller de la Universidad que admita y reconozca al abad Guido. La indignación y el alboroto de los seculares es tal que no puede asumir su cátedra.

Los seculares acusan a los dominicos de los desmanes no sólo frente a las autoridades eclesiásticas extrauniversitarias, sino también frente a las autoridades civiles y el pueblo de París.

Ante esta situación insostenible, el Papa cita a los seculares a presentar su caso frente a la Santa Sede. Para representarlos nombran al maestro Guillermo de Saint - Amour. Para solventar los gastos, los seculares obligan a todos los estudiantes a pagar una especie de impuesto o cuota por un monto equivalente a la pensión de una semana. Muchos se resisten y los que asistían a las clases en Santiago se declaran insolventes en masa. Los seculares emiten entonces un decreto según el cual los estudiantes que no pagaran la cuota no podrían graduarse de la Universidad, ni le sería reconocido el título en caso de graduarse en otra.

Durante medio año, de junio a noviembre de 1254, el maestro Guillermo desplegó sus conocimientos de retórica y sofística para ganarse al Papa y a los cardenales de la Curia Pontificia que residían en ese momento en Anagni. El 4 de julio el Papa emite una Bula por la cual confirmaba los decretos de los seculares. El 15 de julio los autoriza a contraer un empréstito de 300 libras para sufragar los gastos del proceso legal. El 31 de agosto obliga a los maestros y estudiantes a contribuir. Finalmente, el 21 de noviembre, mediante la Bula Etsi Animarum el Papa anuló y suprimió todos los privilegios y exenciones concedidas a las órdenes mendicantes.

Capilla de la Universidad de París (vista actual).

Es mismo día, sufrió Inocencio IV un ataque de apoplejía que lo inmovilizó en su lecho y, finalmente, lo condujo a la muerte el 7 de diciembre de 1254.

A las dos semanas, el 21 de diciembre, fue elegido para ocupar la cátedra de San Pedro el cardenal Reinaldo Segni, sobrino de Gregorio IX, que tomó el nombre de Alejandro IV. Tan sólo un día después, el 22 de diciembre, por la Bula Nec Insolitum anuló y declaró sin ningún efecto la Bula anterior de Inocencio IV que aún no había sido promulgada.

Mediante una carta dirigida a Humberto de Romans, maestro general de la Orden de los Predicadores, el 31 de diciembre, el Papa pedía perdón a la Orden por los sufrimientos padecidos, hablaba de su predilección por la obra de Santo Domingo y sus hijos, y se recomendaba a sus oraciones.

Procedió, entonces el general dominico a escribir una circular a todos sus hijos, Noverit Dilectio Vestra, en la que comentaba la carta del Papa y pedía un uso moderado y discreto de las exenciones y privilegios de la Orden.

Junto con el general franciscano, Juan de Parma, el Papa promulgó la Encíclica Salvator Saeculi, mediante la cual recomendaba a ambas órdenes, franciscanos y dominicos, la unión al servicio de Dios y en defensa de sus privilegios.

El 14 de abril de 1255 el papa Alejandro IV publicó la Bula Quasi Lignum Vitae dirigida a los maestros de la Universidad de París, en la que ordena y manda:

1) que los religiosos conservarán a perpetuidad las cátedras que legítimamente poseen;

2) que los maestros dominicos Bonhome de Bretagne y Elías Brunet de Bergerac deben ser reintegrados a sus oficios y dignidades inmediatamente;

3) que el juramento exigido para ingresar al claustro de profesores debe limitarse a guardar secreto de lo tratado en las sesiones de la Facultad, y

4) que el derecho de huelga escolar como medida de represalia contra posibles abusos, no podrá ejercerse sino con la aprobación de las dos terceras partes de los miembros de todas las Facultades.

Ese mismo día emitió dos Bulas más. En la primera ordena reintegrar a los maestros dominicos y anula las sanciones contra los estudiantes simpatizantes de los mismos. En la segunda encarga y encomienda la ejecución de las otras dos Bulas a los obispos Guillermo de Bussy, de Orleans, y Guido de Mello, de Auxerre, en el término de 15 días desde su recepción.

El 2 de octubre los seculares contestaron al Papa amenazando con disolver la Facultad de Teología en caso de permanencia del Papa en su parecer. Además, acusaban a los dominicos de haber difamado al maestro Guillermo de Saint - Amour al atribuirle falsamente el De Periculis Novissimorum Temporum, y de ser los autores del herético Liber Introductoris in Evangelium Aeternum. Por otro lado, los seculares formaron un gremio de maestros y estudiantes disidentes que supuestamente no estaba sujeto a lo dispuesto por el Papa en sus Bulas.

Coaccionaban a los estudiantes que asistían a las clases de los dominicos, irrumpían en el convento de Santiago, o lo atacaban con piedras o flechas. Para evitar esta situación, fue necesario que el rey de Francia pusiera una guadia permanente en los alrededores del convento. El general de la Orden, ordenó que en todos los conventos se rezasen los Salmos penitenciales y las letanías de los santos, y se invocara a la Santísima Virgen y a Santo Domingo implorando su ayuda y protección contra tales enemigos.

El Papa mandó investigar las acusaciones, descubriendo que el De Periculis... había sido escrito realmente por De Saint - Amour contra las órdenes mendicantes, llegando incluso a decir que eran los precursores del Anticristo. También, se demostró que el Liber Introductoris... había sido escrito por un franciscano, Gerardo de San Donnino. El libro fue condenado como error dejando a salvo expresamente el honor de la Orden franciscana por un error de uno de sus miembros.

Ante estas evidencias, el Papa ratificó sus Bulas, excomulgó a los maestros disidentes, prohibió conceder grados a los maestros en disidencia, y dispensó a maestros y estudiantes del pago de la cuota para sufragar los gastos de la causa.

Sin embargo, los sucesos iban siendo cada vez más violentos, y ni siquiera la intervención del rey de Francia pudo frenarlos. Finalmente, los cuatro arzobispos del reino de Francia, los de Bourges, Reims, Sens y Rouen, convocaron una serie de conferencias entres los seculares y los dominicos. El prior del convento de Santiago, accedió a las condiciones siguientes el 1 de marzo de 1256:

1) los dominicos conservarán sus cátedras, pero no podrán aumentarlas jamás;

2) sus profesores, maestros y bachilleres, deberán ser recibidos por los maestros seculares para poder formar parte del claustro universitario;

3) todos sus estudiantes, excepto los dominicos, serán recibidos en el gremio universitario;

4) los dominicos renuncian a toda querella contra los seculares, e intercederán ante el Papa para obtener la condonación de las penas impuestas a los seculares;

5) los seculares no molestarán a los dominicos en el ejercicio de sus cargos académicos y de sus ministerios apostólicos.

Debido a su carácter abusivo, el Papa declaró nulas estas condiciones enviando cartas al Arzobispo de París (17 de junio de 1256) y al prior del convento de Santiago (1 de julio de 1256). Además exigió a todos el inmediato cumplimiento de las Bulas y Cartas Apostólicas emitidas anteriormente.

Al poco tiempo, en Anagni, el 5 de octubre de 1256, fue condenado el libro de Guillermo de Saint - Amour. Éste se declaró en rebeldía, obligando al Papa a privarlo de todos sus beneficios y dignidades eclesiásticas. Para ejecutar la pena, pidió al rey de Francia que lo encarcelase y desterrase de París. Cristiano de Bauvais, Odón de Douai y Nicolás de Barre aceptaron la orden papal y se reconciliaron con los dominicos.

Para esta época, correspondía a Tomás de Aquino se le otorgase el título de maestro y se le concediera la licencia para enseñar. Sin embargo, dado el enfrentamiento entre seculares y dominicos, y la corta edad del aspirante, que tenía 31 años de edad, frente al mínimo de 35 exigido en los estatutos, se pospuso su nombramiento.

En enero de 1256 el Papa toma la iniciativa ordenando al canciller de la Universidad, Aimerico de Veire, que le expidiese la licentia docendi, lo que fue cumplido por éste un mes después. La licencia admitía para enseñar y predicar públicamente, y, fundamentalmente, para presidir actos magisteriales: presidir actos escolásticos y disputas solemnes y determinar o dirimir las cuestiones.

Por medio de una carta, Alejandro IV dio las gracias al Canciller de París y le encargó mandase a fray Tomás comenzar inmediatamente con sus lecciones magistrales. El canciller Aimerico trasladó la orden al Prior de Santiago quien se comunicó con el interesado para que se preparase a recibir el título de Magister in Sacra Pagina, para lo cual debía jurar los Estatutos de la corporación de maestros y exponer solemnemente frente a todo el claustro magisterial el Principium, o lección inaugural.

Tomás se excusó frente a su superior, alegando insuficiencia teológica y ser ocasión de revueltas. Sin embargo, ante el mandato del Prior, comenzó a preparar su lección inaugural.

No sabiendo qué tema escoger, acudió a la oración frente al Santísimo Sacramento, y arrodillado pidió al Señor que se dignase infundirle ciencia y gracia para cumplir el oficio de maestro. Entre las oraciones que repetía estaba el Salmo 11: Salvum me fac, Domine, quoniam defecit sanctus, quoniam diminutae sunt veritates a filiis hominum... Mientras rezaba esta oración, un anciano dominico se le apareción y le dijo que tomase el texto del Salmo 103 en su versículo 13: Rigans montes de superioribus suis; de fructu operum tuorum stiabitur terra. Nos dice fray Pedro de Capotto, O.P., que alguien logró ver al anciano reconociendo en él a Santo Domingo de Guzmán. Pronto se extendió la noticia en todo París.

Tomás escogió el tema propuesto por su celestial visitante y depuso su lección después de Pascua de Resurrección, hacia mediados de abril. Durante su lección inaugural debió sufrir el abucheo e incluso la coacción física a los asistentes por parte de los seculares. Enterado de esto, el Papa protestó formalmente ante el Arzobispo de París mediante carta del 17 de julio. Illis, qui dilecti filii fratris Thomae de Aquino voluerunt interesse Principio, se nequiter opponendo.

Aun así los seculares no quisieron admitirlo al gremio de la facultad, al igual que a San Buenaventura, quien había sido promovido en 1253. El 23 de octubre de 1256 el Sumo Pontifice expidió una orden terminante en la que mandó recibir en su seno, con la plenitud de todos sus honores y derechos a los frailes Tomás y Buenaventura: Quod... specialiter de nominatim fratres Thomam de Aquino de Ordine Praedicatorum et Bonaventuram de Ordine Minorum doctores theologiae ex tunc quantum in eis esset in societatem scholasticam et ad Universitatem Parisiensem reciperent, et expresse doctores ipsos reciperent ut magistros.

El 15 de agosto de 1257 tiene lugar el acto de admisión al consortium magistrorum en el convento de los franciscanos por parte del maestro Cristián de Verdún, en presencia de un delegado del Arzobispo de París, Reginaldo Mignon.

La Provincia Romana de la Orden de los Predicadores, a la que pertenecía Santo Tomás, se enorgulleció enormemente por la promoción de su hijo más ilustre.

A cargo de la cátedra externa de los dominicos enseñó todos los días en el convento de Saint-Jacques, sobre la montaña de Sainte-Genevieve. Desde que pronunciara el Principium, comenzó a tener, además de sus lecciones ordinarias, disputas solemnes. Entre abril y mayo de 1256 tuvo lugar su Quaestio disputada de sensibus Sacrae Scripturae. Entre mayo y julio del mismo año, De opere manuali religiosorum. En diciembre su Quaestio quodlibet VII: De entendimiento creado.

Durante su magisterio parisiense, entre 1256 y 1259, tuvo Tomás a sus órdenes como bachiller a fray Anibaldo degli Anibaldi. Éste, sirviéndose de los comentarios de su admirado maestro, explicaba las Sentencias de Pedro Lombardo. Fruto de su labor fue un resumen muy bien hecho de los comentarios de Santo Tomás y que se atribuyeron a éste durante muchos siglos hasta que fue clarificado por los trabajos de P. Glorieux y M. Grabmann.

El aula de Santiago en que enseñaba apenas alcanzaba para contener a sus estudiantes. El curso duraba 10 meses, desde septiembre hasta la Solemnidad de San Pedro, con 42 semanas de lecciones efectivas. Entre las horas prima y tercia enseñaba el maestro, sucediéndole el bachiller entre tercia y sexta.

En la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando en 1258 se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía (cuestión sobre la permanencia real o en apariencia de los accidentes en el Santísimo Sacramento del altar) y no logran ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y tenga la última palabra. Luego de horas de oración, comienza su tratado sobre la cuestión, el cual aún existe. Una vez terminado, lo deposita sobre el altar y mientras estaba rezando, según comentaron quienes lo vieron, comenzó a elevarse un codo (poco más de cuarenta centímetros).

Santo Tomás escribe frente al Crucifijo.

Tanta era la estima que tenía por él el rey San Luis que lo consultaba en innumerables temas de Estado. Cada vez que celebraba consejo, tenía costumbre de informar en la víspera a fray Tomás, rogándole se sirviese darle su parecer a primera hora del día siguiente. El Santo Doctor declinó todos los regalos, honores y ofrecimientos que por su valioso consejo el rey quería otorgarle.

El 6 de abril de 1259, domingo de Ramos, predicaba en la iglesia del Convento de Santiago, cuando un tal Guillot, bedel de la nation Picardia, se levantó y comenzó a leer en voz alta, delante del púlpito, un fragmento de los libelos en francés que transmitían en forma insultante e indecente las ideas del Tractatus brevis de periculis novissimorum teporum. Fray Tomás detiene su homilía y escucha en silencio todos los improperios contra los mendicantes que se decían. Al finalizar, continuó Tomás con su homilía ignorando lo sucedido.

Pero quien no pudo ignorar el incidente fue el papa Alejandro IV quien ordenó el 26 de junio al Arzobispo de París que excomulgase a dicho bedel en presencia de toda la Universidad y que lo privase para siempre de todo oficio y beneficio universitario. También pidió a las autoridades de la ciudad que lo expulsaran de París.

El 1º de julio de ese 1259, a pedido del Papa, Tomás es invitado a participar en el Capítulo General de su Orden en Valenciennes en calidad de definidor por la Provincia Romana. El Capítulo lo designó miembro de una comisión, compuesta también por los doctores Alberto de Colonia, Bonhome de Bretagne, Florencio de Hesdín y Pedro de Tarantaise (futuro beato Inocencio V), a cargo de la redacción de la Ratio Studiorum que regiría el régimen de todas las casas de estudio dominicas.

En estos años, se dedica a escribir las 29 primeras cuestiones de la Summa de Veritate Catholicae Fidei contra Gentiles (Síntesis de la Verdadera Fe Católica Contra los Gentiles), más conocida como Summa Contra Gentiles. Escribió los Comentarios al De Trinitate (Sobre la Trinidad) de San Agustín (manuscrito que se conserva hasta la fecha), al De Hebdomadibus de Boecio, al libro de Isaías (cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca Vaticana) y al Evangelio de San Mateo (transmitida en los apuntes de sus discípulos Pedro de Andría y Ligier de Besançon), la Quaestio Disputate De Veritate (Cuestión Disputada Sobre la Verdad), las primeras Quaestiones Quodlibetales.

Mientras trabajaba sobre el comentario a Isaías se tuvo que detener frente a un pasaje bastante obscuro. Durante mucho tiempo rezó y ayunó pidiendo el entendimiento necesario para interpretarlo. Una noche, fray Reginaldo lo escuchó hablando con alguien en su habitación. Al terminar, oyó que Tomás lo llamaba y le pedía que prendiese una vela y empezase a escribir lo que el tenía para dictarle. Una hora después, lo envió a dormir, pero Reginaldo se puso de rodillas y le dijo: "No me levantaré hasta que no me digas el nombre de las personas con quienes has estado hablando durante tanto tiempo esta noche". Prohibiéndole revelar nada durante su vida, Tomás le contó que los apóstoles Pedro y Pablo habían venido para instruirlo.

Todos los Caminos Llevan a Roma.
En Junio de 1259 regresó a Italia de vacaciones. Toma contacto con miembros de la Corte Papal. Al poco tiempo, el Sumo Pontífice lo llama a Italia en forma permanente ya como su teólogo personal. Tomás deja en París al fraile inglés Guillermo de Antona al frente de la cátedra, mientras Anibaldo esté listo para asumirla, cosa que hará en 1261.

En 1260 visita a fray Buenaventura en su celda mientras éste escribía la vida de San Francisco. Lo encontró en éxtasis y mientras se iba, respondió a la insistencia de los franciscanos que lo atendieron y conocían el aprecio de ambos: "dejemos que un santo trabaje para otro santo".

El 29 de septiembre de 1260 es nombrado durante el Capítulo Provincial que tiene lugar en Nápoles, Predicador General de la Orden. Gracias a este título, tenía el derecho y la obligación de asistir a todos los capítulos provinciales de su Orden. Cumpliendo esa función, visitará los capítulos de Orvieto (1261), Perusa (1262), Roma (1263), Viterbo (1264), Anagni (1265), Todi (1266), Luca (1267) y Viterbo (1268).

Durante estos años recorrió junto con la Corte Pontificia las ciudades de Anagni, Orvieto, Roma, Viterbo, de vuelta a Orvieto, Fondi y Perugia, y fue invitado a dar conferencias a las universidades de Bologna y Nápoles. En Agnani, con Alejandro IV, impartió dos cursos (1259-1261). Con Urbano IV, cuatro en Orvieto (1262-1265). También enseñó dos años en Roma (1265-1267) y en Viterbo (1257-1269), en la Corte Papal de Clemente IV.

Tomás asumió como maestro del Estudio General de la Curia Pontificia, a la vez que teólogo consultor del Papa. Este Studium Curiae, fundado por Inocencio IV en 1245 para jóvenes que se preparaban para puestos de importancia especial en la Iglesia, comprendía las Escuelas de Teología y de Derecho Canónico y Civil, a las que se agregaron posteriormente las de Filosofía y de Medicina. Esta Universidad no tenía un lugar fijo sino que seguía al Papa dondequiera éste se trasladara. A Tomás se le pidió reorganizara la Facultad de Filosofía según el modelo parisino y su parecer.

Gentes de toda Europa lo consultaban sobre los más diversos temas, y a todos respondía sin atender a la inteligencia de las preguntas o al rango de quien las hacía. Cuenta la historia que una vez lo consultaron si todos los nombres de los santos estaban escritos en un pergamino en el Cielo. Tomás le contestó: "Hasta donde puedo ver, éste no es el caso; pero no produce ningún daño el decirlo".

Durante su estadía en Anagni y Orvieto, comenzó a exponer las Epístolas de San Pablo, escribiendo sus comentarios sobre la Epístola a los Romanos y sobre los diez primeros capítulos de la Primer a los Corintios. Al mismo tiempo, terminó su redacción de la Summa contra Gentiles y publicó su comentario al libro De Divinis Nominibus del pseudo Dionisio Areopagita.

Entre la primavera de 1261 y la de 1263 coincidió Santo Tomás en Orvieto con San Alberto Magno, su maestro llamado a la Corte Papal por Urbano IV cuando San Alberto pidió al Papa ser exonerado de su obispado de Ratisbona (Regensburg). Urbano IV de acuerdo con el Doctor Universal encomendó a Santo Tomás el oficio de encausar los estudios filosóficos, corrigiendo y depurando a los filósofos paganos, especialmente Aristóteles, para que pudieran servir eficazmente a la Teología.

Para emprender esta tarea, San Tomás contó con el fraile dominico Guillermo de Moerbeke, penitenciario y capellán papal, quien le obsequió una gran cantidad de sus traducciones de obras de Aristóteles. Fruto de su trabajo fueron los comentarios a los tres libros de Aristóteles que se encontraban prohibidos: De Anima, De Sensu et Sensato y De Memoria et Reminiscentia, además de los ocho libros de la Física y los doce de la Metafísica.

El Capítulo Provincial lo designó lector del convento de esa ciudad. Urbano IV le encarga el Catena Aurea Super Quattuor Evangelia (Cadena de Oro sobre los Cuatro Evangelios -- recopilación de textos de los Padres de la Iglesia explicando los Evangelios). También examinó por encargo papal el Libellus de Fide Sanctae Trinitatis presentado a Urbano IV por el obispo de Cotrone (Calabria), Nicolás Durazzolas, que recogía sentencias de los Padres de la Iglesia griega sobre la Santísima Trinidad; fruto de este estudio serán las obras que posteriormente darán luz al Contra Errores Graecorum (Contra los Errores de los Griegos [Ortodoxos]).

En 1263 estuvo presente en el XLº Capítulo General de la Orden de los Predicadores celebrado en Londres, representando a la Provincia Romana. Ese mismo año visitó en Verona el sepulcro del primer mártir dominico, San Pedro de Verona, a quien mucho admiraba.

En 1264, nueve años depués del fallecimiento de Santa Juliana du Mont-Cornillon, el Romano Pontífice le encargó que escribiera el Officium y los himnos para la nueva festividad de Corpus Christi, más de treinta años después de que fue pedido por Nuestro Señor a esta religiosa. Compuso entonces el Pange Lingua y varios otros bellísimos cantos de la Eucaristía como Sacris Solemniis, Verbum Supernum, Lauda Sion y, quizás también el himno Adoro Te. Una leyenda cuenta que el Santo Padre encargó no sólo a Santo Tomás sino también a San Buenaventura que escribieran los himnos, pero que mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque los otros le parecían más hermosos.

Además, durante la primera Festividad del Cuerpo de Cristo, frente al Papa y la Curia reunida, pronunció Santo Tomás una encendida homilía, que aún se conserva entre sus opúsculos.

Dedicó a Urbano IV su exposición al Evangelio según San Mateo. A la muerte de éste en 1264, dedicó las restantes exposiciones sobre los otros tres Evangelios a su amigo y discípulo, el ahora cardenal, Anibaldo degli Anibaldi.

A pesar de su enorme esfuerzo intelectual, seguía contestando todas las consultas y peticiones que se le hacían desde todas partes.

El Patriarca de Antioquía, el dominico Cristiano Elías, le envió al Cantor de su Iglesia con una multitud de dificultades teológicas surgidas de la interacción con los cristianos orientales (griegos y armenios) y los sarracenos. Fruto de su respuesta es el opúsculo De Rationibus Fidei contra Saracenos, Graecos et Armenios, ad Cantorem Antiochenum.

El maestro general de su Orden, Juan de Vercelli, le remitió 108 proposiciones extraidas del comentario de su hermano de Orden Pedro de Tarantaise a las Sentencias de Pedro Lombardo, que habían sido denunciadas en forma anónima como falsas. Tomás las examinó una a una, mostrándose casi siempre favorable a la ortodoxia del acusado. La respuesta del Angélico se condensó en la Declaratio Centum et Octo Dubiorum ex Commentario Fratis Petri de Tarantasia in Sententias, ad Magistrum Generalem.

Leonardo dei Conti, arzobispo de Palermo, le pidió un resumen teológico sobre los artículos de la fe y los sacramentos de la Iglesia, contestado con su De Articulis Fidei et Ecclesiae Sacramentis.

A un lector de Venecia, Santiago de Viterbo, que le consultó sobre cuatro casos de conciencia, le contestó con su De Emptione et Venditione.

El archidiácono de Todi le pidió una buena exposición sobre las constituciones dogmáticas Firmiter y Damnamus del Concilio IV de Letrán. El Aquinate le envió sendos comentarios: In Decretalem Primam Expositio, ad Archidiaconum Tudertinum e In Decretalem Secundam Expositio, ad Eumdem.

Al rey de Chipre, Hugo II de Lusignan, que le consultó sobre el modo de cumplir exactamente su oficio de rey cristiano, le dedicó su De Rege et Regno, aunque quedó inconcluso en el capítulo IV del libro II. Su discípulo, fray Bartolommeo dei Fiadoni, completó la obra de su maestro.

La duquesa Margarita de Flandes, hija del rey San Luis, le pidió consejo sobre el modo de tratar a los numerosos judíos de su señorío. Tomás de Aquino le contestó con su opúsculo De Regimine Iudaeorum, ad Ducissam Brabantiae.

A la muerte del papa Urbano IV, la Provincia Romana de la Orden de los Predicadores le encomendó la fundación y organización de un Estudio General con plenos poderes para elegir el convento, profesores y estudiantes. Optó por el Convento de Santa Sabina en Roma, germen del Ateneo Angelicum, hoy Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. Aquí enseñó durante los años 1265 a 1267.

Durante su estadía en Roma, además de enseñar predicó intensamente en muchas iglesias y basílicas de la Urbe. Una de sus homilías más notables fue la predicada en Santa Maria Maggiore durante Semana Santa. Según nos cuenta fray Guillermo de Tocco, durante la homilía de Viernes Santo predicó sobre al amor de Dios al hombre y la ingratitud de éste, pero debió detenerse en muchas oportunidades debido al llanto constante de su auditorio. En la homilía del siguiente Domingo de Pascua habló de la gloria de Cristo y de la alegría de aquéllos que se levantan con Él en gracia llenando de gozo y alegría a los presentes. Otro día, al salir de la Iglesia de San-Pietro un mujer se curó de sus "fluidos sangrantes" (posiblemente, leucorrea) tocándole la capa, tal cual lo atestigüó fray Leonardo de Gaeta en el Proceso de Canonización.

En 1265 fue invitado por el cardenal Ricardo degli Anibaldi, tío de su discípulo Anibaldo, a pasar la Navidad en su castillo de Molaria, al oeste de Frascati. Entre sus huéspedes, el cardenal había invitado a dos importantes rabinos de Italia. Tomás se fue con ellos hasta la capilla del castillo para conversar con estos doctos invitados. Una a una, resolvió las dificultades que estos le proponían sobre la divinidad de Cristo. Finalmente, añadió: "Pensadlo bien todo, y mañana continuaremos nuestra conversación." Al pie del altar, Tomás pasó la noche rezando. Al día siguiente, víspera de Navidad, los dos rabinos no quisieron ya más discutir sino convertirse al Cristianismo. El cardenal y los demás invitados se despertaron y corrieron a la capilla de donde se escuchaba que alguien cantaba el Te Deum. Eran Tomás y fray Reginaldo, los demás se unieron a su canto. El cardenal bautizó a los judíos que habían decidido abrazar la fe de Cristo. El día de Navidad se celebró su conversión con una comida de gala, como cuenta fray Bartolommeo de Capua en su deposición.

En Santa Sabina, Santo Tomás volvió a explicar por segunda vez las Sentencias de Pedro Lombardo. Dándose cuenta de los defectos de la obra, muchas de cuyas proposiciones habían sido condenadas, y de las dificultades que originaba en sus discípulos, comenzó a redactar un nuevo comentario a la primera parte. Antes de finalizar, concibió la idea de componer otra obra que evitase los defectos pedagógicos, la falta de orden, las repeticiones inútiles y las lagunas considerables de las Sentencias, este texto fue la Suma Teológica. Comienza, entonces, a escribir la Summa Theologica (Síntesis Teológica) con el objeto de tener un manual para los jovenes estudiantes que se inician en el estudio de la Filosofía y la Teología. Según testigos, no sólo dictaba a tres o cuatro secretarios al mismo tiempo y sobre distintos temas, sino que también dictaba mientras estaba recostado descansando e, incluso, durmiendo.

Al mismo tiempo, además de sus lecciones ordinarias, debía encargarse de las cuestiones disputadas y las libres (quodlibetales) como se hacía en la Universidad de Paris. Compuso, entonces, las diez cuestiones disputadas De Potentia y cinco cuestiones libres (de la VIIª a la XIª).

Los papas le encargaron la depuración de las obras de autores paganos que recientemente habían tenido gran difusión entre los estudiosos, especialmente Aristóteles y Averroes. De esta época son los comentarios a la Physica (Filosofía de la Naturaleza), la Metaphysica, la Ethica Nicomacorum (Ética Nicomaquea), el De Sensu et Sensato, el De Memoria et Reminiscentia, el Posterior Analytica y los cuatro primeros libros de la Politica. También completó la Summa Contra Gentiles, el primer comentario de las Epístolas de San Pablo, los comentarios al Cantar de los Cantares (el primero), al de las Lamentaciones, al libro de Jeremías, el tratado De Rege et Regno (Sobre el Rey y el Reino -- opúsculo más conocido como De Regimine Principum ad Regem Cypri [Sobre el Gobierno de los Príncipes, al Rey de Chipre]), y las Quaestiones Disputataes De Potentia y De Malo (Cuestiones Disputadas sobre la Potencia y C.D. sobre el Mal).

En otra oportunidad, Santo Tomás fue invitado por el Arzobispo de Capua a una reunión con el Legado Cardenal. El aquinate se sentó entre ambos pero su mente estaba en la Summa contra Gentiles que estaba escribiendo en ese momento. En medio de la conversación entre ambos prelados, de repente el fraile exclamó: "¡Ahora tengo lo que estaba buscando!" El Cardenal se ofendió, pero el Arzobispo, acostumbrado a estas abstracciones del Santo, tiró de su hábito para hacerlo volverlo a la conversación. Tomás pidió perdón y explicó que se encontraban concentrado en un hermoso pensamiento. El Cardenal se fue totalmente edificado.

En 1267, como miembro del Capítulo General de los dominicos en Bologna, asistió al traslado del cuerpo de Santo Domingo a la capilla en la que actualmente reposa.

En uno de sus viajes a Bologna, donde enseñaba en la Universidad, o durante el Capítulo de 1267, un hermano lego que no lo conocía lo encontró paseándose meditabundo en el claustro y le pidió que lo acompañase al pueblo a arreglar unos trámites, como exigían las Constitutiones de la Orden. El prior le había pedido que tomase como acompañante a cualquier fraile que encontrara sin ocupaciones. "Mi buen fraile, el prior me ha dicho que debe venir conmigo". Sin saber de qué se trataba, obedeció y acompañó al hermano lego, mientras éste lo regañaba por su lento caminar. Cuando finalmente le dijeron al hermano quién era su acompañante, éste se sentía terriblemente avergonzado, pero fue Tomás quien se disculpó diciendo: "No te preocupes, querido hermano... Soy yo quien tiene la culpa... Sólo te pido disculpas de no haber sido más útil". Cuando el prior le preguntó por qué no había dicho que era un Maestro, respondió: "La obediencia es la perfección de la vida religiosa; porque así un hombre se somete a otro por amor a Dios, como Dios se hizo Él mismo obediente al hombre para su Salvación" (Tocco).

Luego fue llamado por el papa Clemente IV a Viterbo donde estuvo entre 1267 y 1268. No sólo continuó sus cursos y disputas, sino que también por mandato del Papa predicaba al pueblo de Viterbo. Entre las cuestiones disputadas terminadas en esos años se cuentan De Spiritualibus Creaturis, De Anima, De Virtutibus in Communi, De Caritate y De Verbo Incarnato. Además, comenzó con la segunda parte de la Suma.

Estando en Viterbo, comenzó a escribir sus comentarios a los doce libros de la Metafísica de Aristóteles, finalizados en París.


Clemente IV, continuando una idea de Urbano IV, nombró a Tomás arzobispo de Nápoles y beneficiario de las rentas de la abadía de San - Pietro. Al serle presentada la Bula al Santo, éste se vio dividido entre la obediencia y la certeza de que el trabajo de su vida quedaría inconcluso. Esto le causó mucha pena y dolor. Fue tan evidente para su amigo el Papa que éste retiró la Bula y lo dejó en paz por el resto de su carrera.
Neoplatónicos y Averroistas.
En Noviembre de 1268, durante el llamado "conflicto de las facultades", el Papa, lo envía devuelta a París por pedido del maestro general de los dominicos, Juan de Vercelli, del rey San Luis y de la Universidad, donde permanecerá hasta 1271. Los averroístas latinos (aristotélicos extremos) seguidores de Sigerio de Brabante, maestro en artes (filosofía) y canónigo de San Martín de Liège, y Boecio de Dacia habían copado la Facultad de Artes "corrompiendo el sistema peripatético" que Alberto Magno, primero, y él, después, habían introducido. Por otro lado, los neoplatónicos agustinianos habían copado la Facultad de Teología, denunciando como herejía todo lo que oliera a Aristóteles. Además, dos discípulos del desterrado Guillermo de Saint - Amour, Gerard de Abbeville y Nicolás dee Lisieux, aprovechaban la oportunidad para arremeter una vez más contra los mendicantes.

De acuerdo con las costumbres de la época, un profesor no enseñaba más de una vez en París, pero el Papa considerando lo gravísimo de este conflicto decidió nombrar a Santo Tomás a cargo de la cátedra externa por segunda vez y reemplazar al fraile flamenco Gilberto van Eyden que no se sentía en condiciones para hacer frente a la situación.

A mediados de noviembre abandonó Santo Tomás la ciudad de Viterbo en compañía de fray Reginaldo de Piperno y su discípulo fray Nicolás Brunacci. En Bologna predicó el 2 de diciembre la primera domínica de Adviento. El 16 de ese mes dirigió la palabra a los fieles en la tercera domínica de Adviento. En la iglesia de San Eustorgio visitó el sepulcro de San Pedro de Verona. Luego, pasando por Vercelli y Aosta, atravesando los Alpes, llegó a París a mediados de enero de 1269.

En la cátedra, en el púlpito y en sus opúsculos debió enfrentarse desde llegado a la hostilidad de los gerardins, los seguidores de Gerard de Abbeville, enemigo de los mendicantes. Entre julio y septiembre de 1269, Gerard publicó su Contra Adversarium Perfectionis Christianae et Praelatorum et Facultatum Ecclesia. Santo Tomás contestó con su De Perfectiona Vita Spiritualis en su primera edición de noviembre de 1269 y en la segunda de 1270. A comienzos de ese año, también San Buenaventura, replicó con su Apologia Pauperum contra Insipientem.

Entre abril y julio de 1270, Nicolás de Lisieux dedicó a su maestro Guillermo de Saint - Amour su De Perfectione et Excellentia Status Clericorum en el que rechazaba 23 supuestos errores de Santo Tomás. Éste replicó con Contra Pestiferam Doctrinam Retrahentium Homines a Religionis Ingressu en octubre de 1270. También en sus sermones de Adviento (1 de diciembre de 1270) y de Sexagésima (1 de febrero de 1271). En marzo de este año redactó la quodlibetal IVª, artículos 23 y 24, sobre el mismo tema.

Mientras tanto, Gerard replicó a San Buenaventura con Liber Apologeticus Auctoris et Libri Contra Adversarium. Contra él publicó el franciscano Juan Peckham su Tractatus Pauperis Contra Insipientem entre febrero y julio de 1270. En noviembre de 1270 otra vez Peckham arremetió contra los gerardinos en su Quaestio Disputata de Paupertate.

En febrero de 1271 Nicolás de Lisieux contestó a ambos con su Contra Peckham et Thomam. La discusión continuó por casi dos años más en forma enconadísima hasta la muerte de Gerard el 8 de noviembre de 1272. Durante el Concilio II de Lyon en 1274 quedará establecida solemnemente la gran utilidad de los frailes mendicantes finalizando toda contienda.

Mientras tanto debió ocuparse de los averroístas latinos. La confusión era realmente grave. Fray Gil de Lessines, quien había sido discípulo de Tomás en París, consultó a San Alberto Magno en la primavera de 1270, sobre 15 proposiciones que se enseñaban en París como enseñanzas de Aristóteles. En su De Quindecim Problematibus contestó que de las mismas 13 eran heterodoxas y corrompían la filosofía aristotélica. Las dos exceptuadas eran enseñadas por el mismo San Alberto y por Santo Tomás.

Sigerio de Brabant, canónigo de Lieja y profesor de París, escribió durante el otoño de 1266 su doctrina basado en los comentarios de Averroes a las obras de Aristóteles. Contra esta, escribió Santo Tomás su De Unitate Intellectus contra Averroistas en el otoño de 1270.

Los neoplatónicos en sus ataques al averroísmo habían ido demasiado lejos incluyendo proposiciones que no se oponían en nada a la sana doctrina.

Durante una disputa quodlibetal en marzo de 1270, antes de Pascua, Santo Tomás debió hacer frente a los neoplatónicos quienes llegaron a insultarlo como hizo Juan Peckham, como atestigüó Bartolomé de Capua. Éste creía firmemente que tres de las tesis de Tomás eran contra la fe: (1) la negación de la pluralidad de las formas sustanciales en el hombre; (2) la negación de la composición hilemórfica en el alma y en los ángeles, y (3) la negación de la demostrabilidad racional de la creación del mundo en el tiempo.

Peckham presentó sus proposiciones a las que respondió Santo Tomás con calma y humildad en forma satisfactoria como reconoció el mismo Peckham.

Sin embargo, la tercera cuestión suscitó una renovación en los ataques y murmuraciones públicas contra la doctrina del Aquinate. Para explicar en profundidad su tesis, escribió Tomás su De Aeternitate Mundi contra Murmurantes (Sobre la Eternidad del Mundo).

Justo antes de Pascua, en una solemne disputa sobre este punto, fray Juan Peckham, regente de los franciscanos, lo atacó en forma muy violenta, muchos de sus propios hermanos lo abandonaron e, incluso, algunos argumentaron en su contra. El 12 de Noviembre de 1270, el obispo de París, Esteban Tempier, intentó incluir las tesis sobre el alma intelectiva como la única forma substancial en el hombre y la de la simplicidad de las substancias espirituales en una condenación que estaba preparando de ciertas proposiciones "aristotélicas", pero se vio forzado por la férrea defensa que hizo Tomás, a limitarse a las tesis averroístas, cosa que hizo formalmente el 10 de diciembre.

Para la otra cátedra dominica de la Universidad, la interna o de los franceses, es nombrado Pedro de Tarantaise (el futuro papa Inocencio V, beatificado años más tarde). Cuando una de sus proposiciones intentó ser condenada por el obispo de París, fue Tomás quien demostró su ortodoxia.

Posteriormente, Siger de Brabant publica su De Anima Intellectiva en la que corrige los excesos detectados por Santo Tomás a quien estimaba según queda asentado en su célebre frase: praecipui viri in Philosophia Albertus et Thomas.

De esta época son la mayoría de sus comentarios a los libros de Aristóteles: Perihermeneias, Physicorum, Metaphysicorum, Ethicorum ad Nicomachum y Posterior Analyticorum y concluyó los De Anima, De Sensu et Sensato y De Memoria et Reminiscentia. Además comenzó los comentarios al De Causis, al Politicorum y al Metheorologia.

Los comentarios al libro de Job y al Evangelio de San Juan, hasta el capítulo 5, siendo lo restante una reportación de fray Reginaldo de Piperno a pedido de Adenolfo de Anagni, profesor de París y sobrino del papa Gregorio IX, pero revisada y aprobada por Santo Tomás.

Resultado de su actividad docente fueron las cuestiones disputadas De Malo, De Virtutibus Cardinalibus, De Spe, De Correctione Fraterna, además de las quodlibetales I a VI y XII.

Los estudiantes gozaban de rodearle y acompañarle por que era sumamente bondadoso, según asegura el Dante: il buon fra Tommaso (Convivio IV, 30). En una oportunidad que viajaba a París con sus alumnos volviendo de una visita a Saint-Denis, mientras contemplaban la magnificencia de la ciudad, uno de sus alumnos comentó: "Maestro: ¡Qué hermosa es la ciudad de París!" A lo que respondió: "Sí, es verdad, es hermosa". A lo que, esperando una respuesta edificante, inquirió: --"¡Ruegue a Dios que sea vuestra!". --"Y ¿qué haría yo con ella?" --"La vendería al rey de Francia y con el dinero construiría todos los conventos de los frailes predicadores". A lo que Tomás contestó: "De verdad, preferiría obtener las homilías del Crisóstomo sobre el Evangelio de San Mateo".

Finalmente, tuvo que acceder a las invitaciones del rey Luis y, probablemente en marzo de 1270, acudió con el prior a una cena real, sentándose junto al santo monarca. Mientras todos bebían, comían y conversaban, Tomás solamente pensaba como estando perdido. De repente dio un puñetazo en la mesa, exclamando lleno de alegría: "¡Ya tengo la respuesta contra los Maniqueos!". Todos se callaron y miraron al fraile. El prior le llamó la atención: "Maestro, preste atención, Ud. está ahora en la mesa del rey de Francia". Antes que Tomás tuviese tiempo de pedir perdón, San Luis envió por su secretario y le pidió que anotara todo lo que el fraile le dijera, no fuese cosa que se olvidara de algo. Probablemente, estaba pensando en la primera cuestión sobre el mal, de acuerdo con el hermoso comentario de Balmes en El Criterio (cap. 16, I).

A sus obras y comentarios del segundo magisterio parisino, deben agregarse sus respuestas a las consultas hechas por el maestro general de los dominicos, el beato Juan de Vercelli, sobre la forma de la absolución al que contesta con De Forma Absolutionis fechado el 22 de febrero de 1270 y sobre diversas cuestiones que son respondidas con su Responsio de Articulis Quadraginta Duobus del 2 de abril de 1272.

También fue consultado por Bassiano di Lodi, profesor en el convento de Venecia, al que satisface con su Responsio de Articulis Triginta Sex en dos redacciones sucesivas, la primera en marzo de 1271 y la segunda a fines de abril del mismo año.

Gerardo de Besançon le pregunta sobre seis cuestiones a las que dedica su Responsio de Sex Articulis en febrero de 1272. También a un tal Jacques de Bourg contesta con De Sortibus en julio o agosto de 1271. A un caballero que le consulta dedica su De Occultis Operationibus Naturae y a otros más dirige sus opúsculos De Fallaciis y De Iudiciis Astrorum.

Continúa con la Summa, de la que en 1270 terminó la primera sección de la segunda parte, la famosa prima secundae. Durante los dos años siguientes se va a dedicar a la secunda secundae, dictando a la vez a tres o cuatro secretarios, entre los que se encontraba, además de Reginaldo, el fraile bretón Eveno Garnit de Tréguier.

"Como Paja en el Viento"

Las agitaciones en la Universidad parisina no cesaban. En marzo de 1272, la Facultad de Artes eligió dos rectores. Luego toda la Universidad se enfrentó al obispo Tempier. Finalmente, se declaró la huelgo general. De hecho, la mayoría de los cursos se suspendieron entre Cuaresma y San Juan. Aunque hubo excepciones: Santo Tomás, al menos, tuvo por tiempo de Pascua su acostumbrada disputa sobre tema libre (Quodlibetal VIª).

En la Pascua de 1272, el Capítulo General y Provincial dominico, reunido en Florencia, ante la situación de París, decide aceptar la invitación del rey de Nápoles, Carlos d' Anjou, quien quería a fray Tomás como profesor de su Universidad. Se le encarga ocupar la cátedra dominica en la Universidad de Nápoles. En la cátedra externa de París, sucede a Tomás, el maestro fray Romano de Roma, hermano del cardenal Rosso Orsini.

A fines de abril, incia Tomás una vez más un viaje hacia el sur. Poco antes del 21 de mayo (Pentecostés) arriba a Florencia donde se encontraba aún reunido el capítulo general y provincial. En su calidad de predicador general, asistió como vocal al capítulo provincial. Allí es nombrado regente del Estudio General de Teología que debía establecerse en la Provincia, además del ya existente en Orvieto. Se le dan plenos poderes para elegir sitio, profesores y estudiantes.

Al mismo tiempo, llegaba una carta al Capítulo General, firmada por el rector de la Universidad de París y los profesores de la Facultad de Artes, en la que se rogaba a los padres capitulares se permitiese a Tomás de Aquino permanecer en su cátedra parisina. El capítulo sostuvo la decisión previa y se pidió a Tomás que definiera el lugar para el nuevo Studium. Pensando en principio en establecerlo en Roma, desistió debido al estado de decadencia en que se encontraba la ciudad. Finalmente, se decidió por Nápoles, por el convento de San Domenico Maggiore.

Terminado el Capítulo, parte hacia Nápoles acompañado de fray Reginaldo y de fray Bartolomé dei Fiadoni, escogido por Tomás como el primer estudiante del nuevo Estudio General.

En camino hacia Nápoles, habiendo salido de Roma en dirección al castillo de Molara, donde iban a visitar al cardenal Ricardo degli Anibaldi, fray Reginaldo cae enfermo de una extraña fiebre que empeoraba a cada momento. Los médicos del cardenal pronosticaban la muerte del fraile. Tomás llevaba una reliquia de Santa Inés suspendida sobre su pecho. Pidió a la santa que intercediera ante Dios por la suerte de su amigo. Dijo a Reginaldo: "Toma esta reliquia, póntela al cuello y encomiéndate a la Santa con plena confianza." Reginaldo así lo hizo, se curó y Tomás prometió recordar solmenemente cada año la fiesta de la santa (el 21 de enero) con un banquete al que invitaría a los estudiantes de Nápoles y a los frailes del convento. Sólo tuvo una oportunidad para cumplir su promesa.

A comienzos de septiembre, llegó Tomás a Nápoles. Los superiores le instalaron en una celda independiente con una terraza descubierta para que el santo pudiese meditar paseando como acostumbraba. También pusieron un fraile a su servicio para cuidar por su salud bastante quebrantada. Primero le sirvió fray Giacomo de Salerno y luego Bonfiglio Coppa.

Antes de instalarse, ya tuvo que movilizarse. Esta vez para arreglar asuntos de familia. Su hermana Adelasia, había quedado viuda con cuatro hijos menores. Su marido Roger d' Aquila, conde de Traetto y Fondi, había muerto en su castillo el 26 de agosto, nombrando a su cuñado albacea. El 20 de septiembre, en el castillo de Traeto, realizó Tomás la partición de bienes. Además, se entrevistó con el rey de Nápoles, Carlos d' Anjou, el 27 de septiembre en Capua, a fin de poder restituir a sus legítimos dueños, sin obstrucción alguna, los bienes inmuebles y tierras que el difunto conde se había apropiado injustamente y que en su testamento había mandado devolver.

Bien entrado ya el mes de octubre, pudo Tomás comenzar sus lecciones en el propio convento, ya que el Estudio General dominico, al igual que los de los franciscanos y agustinos, era público y sus clases estaban agregadas a la Universidad de Nápoles, pues la misma no contaba con Facultad de Teología.

Al igual que sucedía con los demás profesores, por decreto del 15 de octubre, el rey asignó una compensación a Tomás de doce onzas de oro anuales, pagaderas mensualmente al prior del convento de San Domenico.

Durante su magisterio napolitano explicó el primer tercio del Salterio, hasta el 54. También continuó con la exposición de las Epístolas de San Pablo, desde el capítulo 11 de la Primera a los Corintios hasta el final de todas ellas. Estas lecciones han llegado a nosotros en forma de reportación gracias a fray Reginaldo de Piperno.

Desde el púlpito de la iglesia de San Domenico, todos los días desde el 12 de febrero hasta el 9 de abril de 1273, Santo Tomás predicará en napolitano sobre los Mandamientos, la Caridad, el Padre Nuestro, el Avemaría y el Credo. Estas homilías serán recopilados por fray Pedro de Andria y, traducidos al latín, publicados como In Duo Praecepta Caritatis et Decem Praecepta Lege (Los Dos Preceptos de la Caridad y los Diez Preceptos de la Ley -- conocido como el Comentario a los Mandamientos), In Symbolum Apostolorum (El Símbolo de los Apóstoles -- Comentario al Credo) e In Orationem Dominicale (La Oración Dominical -- Comentario al Padre Nuestro).

La muchedumbre se agolpaba en la iglesia para escucharle, oyéndole con tanta atención y reverencia como si hablase el mismo Dios, según nos dice Tocco: "Tam reverenter audiebatur a populo, quasi sua praedicatio prodiret a Deo". Por estos sermones a los que concurría casi todo el pueblo de Nápoles, Santo Tomás será llamado Doctor Communis Ecclesiae (el Doctor Común de la Iglesia).

También respondió consultas, como De Mixtione Elementorum y De Motu Cordis respondiendo a las consultas de un médico de nombre Felipe. Dedica a su fiel amigo y compañero, fray Reginaldo, el Compendium Theologiae y el De Substantiis Separatis. Continuó con sus comentarios a las obras de Aristóteles, finalizando el del De Caelo et Mundo y comenzando el del De Generatione et Corruptione.

Pero, sobre todo, continuó con la tertia pars de la Suma que trata de la Encarnación, de la Redención y de los Sacramentos.

Por la Cuaresma de 1273 se hallaba escribiendo sobre los misterios de la vida, de la pasión y de la muerte del Salvador, estaba totalmente absorto en la contemplación de tan altos misterios. El 26 de marzo, domínica de la Pasión, habiéndose dedicado durante todo el día a escribir sobre las penas y dolores de Jesucristo en el proceso de su sagrada Pasión, mientras celebraba misa en la iglesia del convento dominico de Nápoles, se siente atraído por la profundidad de los misterios divinos: el rostro se le llena de lágrimas y la mente parece abstraerse por completo tanto que habrán de llamarle la atención y tocarlo para que siga. Terminada la misa, numerosos laicos y religiosos se agolparon en la sacristía para conocer qué había sucedido. Tomás los recibió amablemente, pero no les dijo nada de lo que había visto y experimentado.

Durante toda la Cuaresma de ese año se repitió la misma experiencia a menudo, especialmente en las Completas mientras se cantaba: "a la hora de mi vejez no me rechaces, no me abandones cuando cae mi vigor" (Salmo 70, 9: ne proicias nos in tempore senectutis, cum defecerit virtus mea).

Sin embargo, aún le quedaba tiempo para ocuparse de temas terrenos. A su sobrina Francisca, condesa de Ceccano, le consiguió del rey Carlos de Nápoles un salvoconducto, con fecha 3 de abril de 1273, para que pudiera ir a tomar los baños a la ciudad de Nápoles.

Mientras escribía tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, durante su estadía en Nápoles, algunos de sus hermanos que estaban con él, entre ellos fray Domingo de Caserta, el sacristán, vieron como mientras Tomás rezaba en la Capilla de San-Domenico se elevaba alrededor de dos codos (casi un metro) y una voz desde el crucifijo: "Has escrito bien de Mí, Tomás, ¿qué recompensa deseas?". Y el santo le respondió: "Non nisi te, Domine" ("No más que a Ti, Señor"). Según se cuenta, similares sucesos habían ya ocurrido en Orvieto y en París.

A primeros de noviembre comienza con el tratado de la Penitencia. Dicta y escribe varias cuestiones. El día 5 de diciembre termina dictando la cuestión 90, que versa sobre las partes de la Penitencia en general. En la mañana del día siguiente, el 6 de diciembre de 1273 cuando celebró la misa de la Festividad de San Nicolás en la capilla del convento de Nápoles dedicada a ese santo, vivió una profunda transformación (fuit mira mutatione commotus). Ha tenido un arrobamiento muy prolongado y ha derramado muchas lágrimas. Está como fuera de sí. Como era su costumbre, oye otra misa, pero no ayuda en ella. Quieto, de rodillas, no hace más que llorar, aunque no está triste... A partir de allí, habiendo llegado al tratado de la Penitencia de la tercera parte de la Summa, dejó de escribir y dictar a sus ayudantes (et post ipsam Missam numquam scripsit neque dictavit aliquid, imno suspendit organa scriptionis in tertia parte Summae, in tractatu de Poenitentia).

Al regresar a su celda, fray Reginaldo de Piperno, su fiel amigo, secretario y confesor, y los demás escribientes, se presentan ante Tomás para continuar el trabajo. Fray Tomás amablemente les dice que no puede continuar. Los escribientes dejan al Aquinate con su socius Reginaldo.

Asombrado, mira a su alrededor. Sorpresa. La mesa de trabajo de fray Tomás está vacía: los códices, los papeles, las plumas, los tinteros están en un armario. Tomás está arrodillado en el suelo llorando. Fray Reginaldo le pregunta: "Padre, ¿por qué has abandonado un trabajo tan grande (se refería a la Summa Theologica), comenzado para alabar a Dios e iluminar al mundo?" (Pater, quomodo dimisistis opus tam grande quod ad laudem Dei et illuminationem mundi coepisti?). Tomás le contestó: "Reginaldo, no puedo más..." (Raynalde, non possum...). Día tras día, se repite la conversación.

Pasada una semana, Reginaldo, temiendo que la salud mental de su amigo estuviese en peligro debido a los ayunos y el esfuerzo intelectual grandísimo al que se sometía, le rogó que siguiera su gran obra. Pero Tomás exclamó: "No puedo. Todo lo que he escrito me parece paja comparado a lo que he visto y me ha sido revelado" (Non possum quia omnia quae scripsi videntur mihi paleae respectu eorum quae vidi et revelata sunt mihi).

"¿Cómo podríamos cantar un canto a Yahveh en una tierra extraña?" (Salmo 137, 4).

Unos días después, entre el prior de San Domenico, fray Reginaldo y el médico del convento decidieron enviar a Tomás con su hermana Teodora, la condesa de Mársico, en su castillo de San-Severino, residencia invernal al norte de Salerno. Pensaban que de esa forma, con un poco de descanso y distracción, podría reponerse del agotamiento en que se hallaba.

Tomás, Reginaldo y Giacomo de Salerno se pusieron en camino tomando la vía Popilia, que pasaba por Pompeya, Salerno, Nocera y Rota. Debido al estado de las salud de Tomás, debieron detenerse varios días en el convento de Salerno. A pesar de todo, Tomás participaba en todos los actos de la comunidad, incluso a los maitines de la noche, después de los cuales todavía se quedaba rezando por largo tiempo frente al altar mayor. Fray Reginaldo y fray Giacomo lo vieron arrobado y elevado más de dos codos sobre el suelo.

Después del descanso, reanudaron su viaje, arribando al castillo de San Severino días antes de Navidad. Su hermana corrió a saludar a su hermano. Éste apenas le habló mientras estuvieron juntos, limitándose a contemplarla en silencio. Alarmada, le preguntó a Reginaldo: "¿Qué molesta a mi hermano fray Tomás? Está fuera de sí y no me dirige palabra." Reginaldo responde: "El Maestro frecuentemente sufre raptos de su espíritu cuando se sumerge en la contemplación, pero nunca tanto como ahora lo he visto ajeno a los sentidos" (Frequenter Magister in spiritu rapitur, cum aliqua contemplatur, sed nunquam tanto tempore sicut nunc vidi ipsum sic a sensibus alienum).

La condesa hizo lo imposible por reanimar a su hermano. Pasada la Navidad, se despiden de la hermana de Tomás y emprenden el regreso a Nápoles. Teodora, muy desolada, lo ve partir... algo le dice que no lo volverá a ver, nos dice fray Bartolommeo de Capua en el Proceso.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Su secretario fray Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Este hombre de Dios rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo. Según nos dice fray Guillermo de Tocco, fray Tomás fue un hombre maravillosamente contemplativo y que "su don de oración sobrepasaba toda medida; tan libremente se elevaba hasta Dios, como si el peso de la carne fuera nulo. No transcurría un día sin que fuera arrebatado de sus sentidos".

Cumplía exactamente aquel consejo de San Pablo: "Consideren superiores a los demás". Siempre consideraba que los otros eran mejores que él. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno. Su lema en el trato era: "Nadie, por sabio que sea, debe rechazar de plano la doctrina de otro por pequeño que sea".

Su devoción por la Virgen María era muy grande. Constatan que en la redacción de la Suma contra los Gentiles, cuyo original se conserva en el Archivo Vaticano, en todas las páginas, al iniciar la escritura, está como sello de autenticidad la salutación angélica: "Ave María", de la mano del Santo.

Hacia fines de diciembre de ese año regresan a Nápoles. Alrededor de Tomás y su socio Reginaldo se encuentra el acostumbrado grupo de hermanos y amigos: Guillermo de Tocco, Jacobo de Caiazzo, Juan de Boiano, Leonardo de Gaeta y Pedro de San Felice, entre los religiosos de su orden, y Juan Blasio, Juan Coppa, Juan de Gaeta y Pedro Brancaccio, entre los laicos. También sus servidores, hermanos de la orden y admiradores devotos, Bonfiglio Coppa y Giacomo de Salerno, quienes a menudo se escondían y espiaban al Doctor. Quizás a través de estos últimos nos ha llegado la historia según la cual en cierta ocasión mientras Tomás rezaba una "estrella luminosísima entra por la ventana y se detiene un momento sobre la cabeza de fray Tomás".

A comienzos de 1274, el Sumo Pontífice, Gregorio X, convocó un Concilio, el segundo en celebrarse en Lyon. A él acudirían Buenaventura de Bagnorea, Alberto Magno, Pedro de Tarantaise y los más grandes teólogos de ese tiempo. También estarían presentes los embajadores del Emperador de Oriente Mikael Palaeologos y los prelados ortodoxos griegos con la intención de poner fin al cisma que ya llevaba formalmente dos siglos. La primera sesión se fijó para el 1º de Mayo de 1274. El Papa le pidió a Tomás que trajera el Contra Errores Graecorum que había compuesto tiempo antes en 1263 mientras se hallaba al servicio del papado.

A pesar de sentirse enfermo, salió de Nápoles a fines de Enero. Se le pidió a fray Reginaldo, su fiel amigo, que cuidara especialmente de su compañero; también enviaron a fray Giacomo de Salerno.

Al pasar por la ciudad de Teano se les unen el señor Guillermo, abad de Teano, que después será obispo allí, y un sobrino suyo, Rodifredo, que luego fue deán.

Al poco tiempo de pasar Teano y bajando la cuesta hacia Borgonuovo, Tomás sufre un golpe en la cabeza con una rama de un árbol caído en el camino. A la pregunta de fray Reginaldo sobre su salud, contestó que sólo se había hecho un rasguño. Como trastornado (fere stupefactus) el maestro quiere proseguir viaje.

En el camino, Reginaldo lo distraía diciéndole: "Ud. y fray Buenaventura serán nombrados cardenales, lo que redundará en un gran beneficio para nuestras órdenes". Tomás salió del estado contemplativo en que se hallaba diciendo en forma muy lúcida: "Reginaldo, puedes estar seguro de que seguiré tal como soy" (Raynalde, sis securus quod ego numquam in perpetuum mutabo statum).

Al pasar por la Abadía de Montecasino, los monjes lo invitan a detenerse y le proponen una cuestión a partir de un pasaje de San Gregorio Magno sobre las relaciones entre pre-ciencia divina y libertad humana. Tomás contesta verbalmente. El comentario será copiado diligentemente por los monjes al margen del texto del Papa: con gran lucidez el Aquinate pone en evidencia que la diferencia de planos no implica ninguna relación de necesidad de uno sobre otro. Ver a alguien realizar un acto no significa obligar a cometerlo. Y sin embargo, el último Misterio sigue siendo mayor que nuestro corazón...

"In finem nostrae cognitionis Deum tamquam ignotum cognoscimus" (In Boetium de Trinitate, q. 1, a. 2, ad 1um).

Se detienen en el Castillo de Maenza, en Minturno, al norte de Terracina, donde se encontraba su sobrina Francisca, casada con el conde Anibaldo de Ceccano.

Allí ocurrió un extraño hecho. Tomás enferma y ya casi no come. Llamado el médico, Juan de Guido, y preguntándole qué alimento le apetecía, respondió que comería arenques frescos, como los había comido en Francia. El médico quedó contrariado, proque allí no se podían encontrar arenques frescos. Fray Reginaldo fue a la plaza del castillo, encontrando a un repartidor o vendedor ambulante de pescado, llamado Bordonario, que venía de Terracina con unas cestas de pescado y, preguntándole qué peces llevaba, le contestó: llevo sardinas. El fraile le hizo abrir las cestas, quizás Tomás no se daría cuenta de la diferencia en el estado en que estaba, y encontró una llena de arenques frescos. El vendedor de los peces aseguraba que el había comprado sardinas, pues en aquellas tierras nunca se hallaban arenques frescos. Fray Reginaldo fue corriendo a dondé estaba fray Tomás y le dijo: "Maestro, Dios ha cumplido vuestra voluntad y tenéis lo que deseáis, porque se han encontrado arenques frescos". Y él contestó: "¿De dónde han venido y quien los ha traído aquí?", a lo que contestó el socio: "Dios os los envía".

Con renovadas fuerzas, puede aún celebrar misa, y lo hace con extraordinaria intensidad, en medio de copiosas lágrimas. En casa de su sobrina, revive el recuerdo de sus hermanos: Rinaldo, caballero y poeta, ajusticiado por el Emperador por su apoyo al Papa; Landolfo, cruzado apresado y liberado gracias al Papa; Marota, monja de Santa María de Capua; Teodora, casada con Ruggero de San Severino y madre de Tomás, futuro dominico; María, casada con Guillermo de San Severino y madre de Catalina de Morra, fuente de invalorables datos para los biógrafos de nuestro santo; Adelaisa, casada con Ruggero d'Aquila, fallecido años antes, y la pequeñita fulminada por un rayo.

En esta época habría sido envenenado por un enviado de Carlos d'Anjou, rey de Nápoles, hipótesis a la que da crédito Dante Alighieri: "Carlos vino a Italia, y por enmienda hizo víctima a Conradino y después envió al cielo a Tomás por enmienda" (Purgatorio XX, 67-69).

En Maenza lo visitaban amigos de todo el sur de Italia, el prior cisterciense de Fossanova con varios monjes, algunos frailes franciscanos y dominicos de los conventos cercanos, así como varios laicos.

Sin embargo, su enfermedad se agravó y sólo atinó a pedir que lo llevaran a la Abadía cisterciense de Santa María en Fossanova (diócesis de Terracina): "Si el Señor vendrá a visitarme, es mejor que me encuentre en una casa de religiosos que en casa de laicos" (Si Dominus voluerit me visitare, melius est quod reperiar domo religiosorum quam in domibus saecularium). Su sobrina Francisca lo ve partir con mucha pena.

Allí, "yació enfermo casi por un mes", amorosamente cuidado por los monjes cistercenses.

Abadía Cisterciense de Fossanova (vista actual).

Lo primero que hizo a pesar de su estado, fue rezar frente al Santísimo Sacramento. De la iglesia se dirigió al claustro y, apenas puso sus pies en él, apoyó su mano derecha sobre una columna, mientras dijo con voz clara: Haec requies mea in saeculum saeculi; hic habitabo, quoniam elegi mea ("Aquí está mi reposo para siempre, en el me sentaré, pues le he querido") (Salmo 131, 14).

Tan enfermo como estaba aun así tenía tiempo de celebrar la Misa.

El abad Teobaldo de Ceccano lo alojó en su propia celda durante su último mes de vida. Su enfermedad empeoraba y tenía mucho frío. Los monjes se peleaban por atenderlo aunque sea en lo más mínimo como traerle leña, a pesar de sus quejas: "¿Cómo es que esa gente santa me está trayendo leña a mí?".

Abadía de Fossanova (interior - vista actual)

Los monjes rogaron a fray Tomás que les dictara una expositio del Cantar de los Cantares en imitación de San Bernardo. Su humilde respuesta fue: "Denme el espíritu de San Bernardo y obedeceré". Finalmente, ante la insistencia de los religiosos, comenzó la exposición del más misterioso de los libros de la Biblia con las palabras "Solomon inspiratus".

"Yo dormía, pero mi corazón velaba. La voz de mi amado que me llama: ¡Ábreme...!" (Cantar de los Cantares 5, 2).

A comienzos de marzo empeoró notablemente. Cuando se le agotaban las fuerzas y sabía que se acercaba su fin, pidió a los monjes que le permitieran quedarse a solas con Dios. Pasó sus últimos preciosos momentos en adoración, oración, humildad, arrepentimiento y dando gracias. El 4 ó 5 de marzo, en su lecho de muerte pidió a Reginaldo que escuchara su última confesión y se le administrara el Santo Viático. Al poco tiempo, los monjes lo vieron salir diciendo: "Sólo tiene los pecaditos de un niño de cinco años". Rogó que se lo colocara en el suelo acostado sobre cenizas.

El lunes 5 de marzo, el abad le llevó por última vez la Sagrada Comunión acompañado por toda la comunidad cisterciense de Fossanova, el obispo de Terracina con un buen número de franciscanos, y muchos religiosos dominicos provenientes de los conventos de Anagni y Gaeta.

Santo Tomás se levantó de su lecho y postrado en tierra estuvo largo rato en adoración del Santísimo Sacramento, mientras recitaba el Confiteor Deo. Luego se puso de rodillas e hizo una magnífica y conmovedora profesión de fe: "Yo te recibo precio de la redención de mi alma, te recibo viático de mi peregrinaje, por amor del cual estudié, velé, trabajé, prediqué y enseñé. Nunca dije nada contra Ti, y si lo hice fue por ignorancia, no me obstino en mi error, y si enseñé algo equivocado, todo lo someto a la corrección de la Iglesia romana. En su obediencia me voy de esta vida". (Sumo te pretium redemptionis animae meae, sumo te viaticum peregrinationis meae, pro cuius amore studui, vigilavi et laboravi et praedicavi et docui; nihil umquam contra te dixi, sed si quid dixi ignorans, nec sum pertinax in sensu meo; sed si quid male dixi, totum relinquo correctioni Ecclesiae Romanae).

Permaneció recostado sobre las cenizas hasta terminar su acción de gracias. Luego, estando en condiciones de plena lucidez, pidió la Extrema Unción y rogó por las oraciones de los presentes. Las últimas palabras que se le escucharon fueron: "Pronto, pronto el Dios de todo confort completará sus mercedes en mí y llenará todos mis deseos. En poco estaré saciado en él, y beberé en el torrente de sus delicias, seré embriagado por la abundancia de su casa, y en Él quien es la fuente de toda vida tendré la verdadera luz".

Viéndo en llanto a los monjes y a su amigo Reginaldo, los confortó diciéndoles que la muerte era su ganancia y su gozo. Reginaldo le comentó que le hubiese gustado verlo triunfar sobre todos los enemigos de la Iglesia en el Concilio en Lyons. El Santo respondió: "He rogado a Dios, como mayor favor, morir como simple religioso, y ahora se lo agradezco. Es un mayor beneficio de lo que ha concedido a muchos de sus santos servidores, el que me llame fuera de este mundo tan temprano para entrar a su gozo, por lo tanto no tengan pena por mí que estoy lleno de gozo".

Dio las gracias al abad y a los monjes de Fossanova por su caridad hacia él. Uno de ellos le preguntó de qué modo debemos vivir fielmente a la gracia de Dios. Respondió: "Les aseguró que aquél que pueda caminar fielmente en su presencia --siempre dispuesto a dar respuesta por sus acciones-- nunca será separado de Él consintiendo en pecar". Estas fueron sus últimas palabras a un hombre, de ahí en más sus palabras fueron únicamente para Dios.

Poco después de la medianoche del miércoles 7 de marzo de 1274, sin agonía y con plena lucidez, juntas las manos en actitud orante, dio su último suspiro.

"El mencionado doctor murió en el año del Señor de 1274, cuarto del reinado del papa Gregorio X, año 49 de su vida, la mañana del 7 de marzo." (Obiit autem praedictus Doctor anno Domini millesimo ducentesimo septuagesimo quarto, Papae Gregorii X anno quarto, anno vero vitae XLIX, indictione secunda, septimo die Martii, hora matutinali).

Su cadáver exhalaba un intenso y agradable perfume. El subprior del monasterio, que estaba casi ciego, recuperó su vista al poner su cara junto a la de Tomás. Muchos milagros sucedieron, algunos de los cuales fueron ocultados por los monjes que no querían se les arrebatara el cuerpo del santo, según contó fray Bartolomeo de Luca descubrió mientras investigaba los hechos de la vida del aquinate para presentar en el proceso de canonización.

Los monjes llevaron el cuerpo de fray Tomás hasta la puerta del monasterio con objeto de que pudiera verlo su sobrina Francisca que lloraba desolada. Los funerales fueron muy solemnes y concurridos, pues además de todo el monasterio y del obispo de Terracina, asistieron muchísimos religiosos franciscanos y dominicos de los conventos vecinos, además de gran muchedumbre de seglares de toda la Campania.

En ese mismo día, su antiguo maestro San Alberto Magno, en ese momento en Colonia, estalló repentinamente en lágrimas en el medio de la comunidad y exclamó: "Fray Tomás de Aquino, mi hijo en Cristo, la luz de la Iglesia, ¡está muerto! Dios me lo ha revelado." Y según se cuenta, cada vez que se nombraba a Tomás, se le escapaba una lágrima a Alberto por el recuerdo de su discípulo y amigo.

Controversias.
El 2 de mayo de 1274 el rector y la Facultad de Artes de la Universidad de París dirigieron al Capítulo General de los Predicadores, reunido en Lyon, una sentidísima carta en la que solicitaban a los padres capitulares concedieran el sagrado cuerpo de quien fue honra de la Universidad, estrella matutina de las inteligencias y sol del mundo.

Al séptimo mes desde su muerte (a fines de septiembre de 1274), el cuerpo de Tomás fue exhumado para trasladarlo ya que se temía un posible robo. El mismo fue encontrado intacto, exhalando fragancias de santidad que inundaron toda la abadía. Catorce años después, se volvió a exhumar el cuerpo por la misma razón y los mismos hechos se verificaron.

Una elegía compuesta pocos meses después comienza con los versos:

Vox Rachelis planctum pangit, tristatus Ecclesia, / Plebs fidelis tota plangit, gemit Romae curia, / Mors crudelis Thomam frangit, mundo dat suspiria, / Fit eclypsis nimia: / Luminare maius tangit umbrosa molestia, / Thomas clare iam non clangit, Praedicantum gloria.

Ierusalem deploratur Ieremiae carmine, / Nostra Sion offuscatur suo carens lumine, / Nostra Rachel nunc orbatur filiali germine, / Pressa mortis turbine. / Magnus dolor cumulatur Praedicantum ordine, / Frater Thomas dum privatur clericali lumine.

A pesar del profundo cariño que existía en París por el dominico recientemente muerto, al tiempo resurgió la oposición a las tesis tomistas. Los principales opositores eran Juan Peckham, regente del Estudio franciscano de París, Gualterio de Brujas, Guillermo de la Mare y los dominicos Roberto Kilwardby, de Oxford, y Durando de Saint Pourçain. Frente a estos, defendían al tomismo el español Bernardo de Trilla, Herveo de Nédellec, que trabajó muchísimo para la canonización del Aquinate, el agustino Aegidio Romano, Pedro de Alvernia, Reginaldo de Piperno, Tolomeo de Lucca, Juan Regina de Nápoles, Tomás de Sutton, el catalán Ferrer, discípulo de Santo Tomás, el mallorquín Romeu, el catalán Raimundo Martí, condiscípulo de Santo Tomás.

Finalmente, el 7 de Marzo de 1277 Esteban Tempier, obispo de París, renovó la condenación de las tesis averroístas, pero esta vez incluyó varias tesis de Santo Tomás de Aquino, así como del agustino Aegidio Romano y del franciscano Roger Bacon. Los numerosos discípulos de Tomás se indignaron de que encima se eligiera la fecha del tercer aniversario de la muerte del Aquinate para proclamar la condenación. Al enterarse Alberto Magno de estos sucesos, a pesar de su avanzada edad, se puso en movimiento hacia París para defender la doctrina de su discípulo.

Algunos días después, el 18 de marzo, Roberto Kilwardby, dominico, arzobispo de Canterbury y primado de Inglaterra, impuso una similar prohibición para las escuelas de ese reino, además de conceder once días de indulgencias a quien impugnase las tesis condenadas.

Alentado por lo que estaba sucediendo en Inglaterra, Tempier quizo ir más lejos convocando a una nueva reunión de los maestros neoplatónicos para ampliar las prohibiciones. Sin embargo, el Colegio Cardenalicio que gobernaba la Iglesia hasta la elección del nuevo Papa, desde la muerte de Juan XXI el 20 de mayo, le prohibió terminantemente ocuparse del asunto. El arzobispo de Corinto, residente en la Corte Pontificia, Pedro de Conflans, hizo saber a Kilwardby el disgusto existente en Roma por su atropello.

En 1278 en el Capítulo General de los predicadores, reunido en Milán, se decidió defender la doctrina del hermano Tomás enérgicamente. Envió a Inglaterra a dos profesores con plenos poderes para proceder severamente contra los religiosos hostiles a la doctrina tomista. Posteriormente, sería designada la doctrina oficial de la Orden, y el papa Clemente VI los invitó a nunca abandonarla.

Convulsionada la orden de los hermanos menores con el resurgimiento de la facción espiritualista, pronto tornó en un enfrentamiento con los otros mendicantes: los dominicos. Y Tomás de Aquino fue el principal objetivo de sus ataques.

Entre 1278 y 1279 el franciscano Guillermo de la Mare publicó su Correctorium Fratris Thomae en el que se impugnan varias proposiciones tomistas.

En 1282 el Capítulo General de los frailes menores, celebrado en Estrasburgo, prohibió la lectura de la Summa en las escuelas franciscanas, excepto para un pequeño grupo de lectores capacitados y a condición de acompañarla con el Correctorium de fray Guillermo.

Al volver de París, Alberto convocó una solemne asamblea en la cual declaró que después del trabajo acometido por Tomás los demás sólo trabajarían en vano.

Muchos de sus colegas de París, como Godofredo de Fontaines, exigieron de la Universidad una corrección del decreto de Tempier. Aegidio Romano comparaba a los antitomistas con moscas que se lanzan contra la luz cegadas por su resplandor. El beato Santiago Capocci de Viterbo, que llegó a ser arzobispo de Nápoles, mientras estuvo en París, decía que quienes procedían contra Tomás no hacía sino buscar la idiotez.

Mientras tanto, algunos de sus discípulos, como Ricardo Knapwell en Oxford y Juan Quidort en París, publicaron entre 1280 y 1284 sus Correctorium Corruptorri Fratris Thomae (correcciones a las corrupciones de la doctrina de fray Tomás). Gran fama obtuvo el Apologeticum Veritatis contra Corruptorium de Ramberto dei Primadizzi.

En 1284 el franciscano Juan Peckham, como sucesor de Kilwardby en la sede de Canterbury, amplió la prohibición imponiéndola a la fuerza en toda Inglaterra, dejando las puertas abiertas al escotismo y al nominalismo del siglo XIV, que tuvieron su centro y mayor difusión en este país. En una carta fechada ese año el 7 de diciembre, reconoce amargamente que la Orden de los Predicadores hizo suya la doctrina tomista.

Mientras tanto, comenzó una carrera por sus reliquias: la Universidad de París (a pesar de la condenaciones), el Convento dominico de Saint-Jacques, la Abadía cisterciense de Fossanova, la Universidad de Nápoles, el Convento de San-Domenico de la misma ciudad, entre otros dijeron tener derecho sobre las reliquias del Santo. En 1288, se cortó una de sus manos incorruptas y se le envió a su hermana, la Condesa Teodora, que guardó en su capilla doméstica de San-Severino. Luego de su muerte, la misma fue encomendada al convento dominico de Salerno. Cuarenta y dos años después, según atestigua Bernardo Gui, aún se conservaba incorrupta y despedía un olor agradabilísimo.

Un códice de la Suma Teológica de fines del siglo XIII que se conserva en el Balliol College de la Universidad de Oxford termina con las palabras: Hic moritur Thomas. O mors, quam sis maledicta (Aquí murió Tomás. ¡Oh muerte, maldita seas!).

Santo y Doctor de la Iglesia.
El 1º de Marzo de 1318, el Papa Juan XXII, al dar inicio al proceso de canonización, declara que: "Tomás, solo, ha iluminado la Iglesia más que todos los otros doctores. Su doctrina sólo puede provenir de un acto milagroso de Dios".

El proceso fue finalizado el 14 de julio de 1323. Fue canonizado por Juan XXII en Avignon, en la Bula Redemptionem Misit Dominus del 18 de julio de ese año apenas 50 años después de muerto. De esta forma culminaba la batalla de calumnias contra el el aquinate. Ya no había más dudas de su santidad.

Apoteosis de Santo Tomás.

El 14 de Febrero de 1324, Esteban de Boretto, obispo de París, revocó la condenación pronunciada en 1277 contra las tesis tomistas. Al celebrar la Universidad por primera vez la fiesta del Santo el 7 de marzo de 1324, el maestro Pierre Roger (futuro Clemente VI) le llama Doctor Noster (Nuestro Doctor).

En 1346 Clemente VI invita a los dominicos reunidos en Capítulo General en la ciudad de Brive a no desviarse de la doctrina de Santo Tomás.

En 1367, el beato Urbano V otorgó a los dominicos el derecho de trasladar los restos del Santo a Francia (París o Toulouse), dado que los restos de Santo Domingo ya reposaban en Italia (Bologna). Y sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero. Por eso se celebra en este día su fiesta. Participaron en el cortejo ciento cincuenta mil personas, incluyendo al duque Luis d'Anjou (hermano del rey Carlos V), los arzobispos de Toulouse y Narbonne, y muchos obispos, abades, y nobles. Aun hoy, están los restos de Santo Tomás en la Iglesia de Saint-Sernin en Toulouse.

Sobre la tumba del Santo en Toulouse se levanta una magnífica estatua suya. En la mano derecha tiene el Santísimo Sacramento; en la izquierda, una espada de fuego. Debajo está grabada la inscripción: "Ex Evangelii solio Cherubinus Aquinas / Vitalem ignito protegit ense cibum".

Iglesia de St-Sernin, Toulouse (exterior, vista actual)

Un brazo del Santo fue enviado al convento de los dominicos en París y colocado en una capilla que fue nombrada capilla real por el rey de Francia. En ese lugar se reunían cada 28 de Enero los maestros de la Facultad de Teología de la Universidad de París.

En 1372 el Capítulo General de los dominicos reunido en Toulouse concedió al reino de Nápoles un hueso del otro brazo del Santo. Hasta 1603 fue colocado en el convento dominico de Nápoles; pero debido a un milagro atribuido a esa reliquia en ese año, fue llevado a la catedral metropolitana de esa ciudad.

En distintas épocas los estatutos de los dominicos, los benedictinos, los carmelitas, los agustinos, los jesuitas, los servitas, los pasionistas, los bernabitas, los sulpicianos, entre otras órdenes, establecieron como obligación el estudio de Santo Tomás.

El 6 de Julio de 1406, Inocencio VII confirma la doctrina de los predicadores, la cual es la doctrina de Santo Tomás de Aquino en la Constitución Decens Reputamos.

En la Universidad de Louvain los doctores tenían la obligación de descubrirse la cabeza y hacer una reverencia cuando el nombre de Tomás de Aquino era pronunciado.

Incluso en Bizancio las obras de Santo Tomás fueron altamente estimadas. Se han conservado muchas traducciones, comentarios y resúmenes de varias de sus obras en griego. Se destacan especialmente: Demetrio Kidones, ministro del emperador Juan VI Cantacuzeno, y Jorge Scholarios Gennadios, Patriarca de Constantinopla.

El rabino Pablo de Burgos, en el siglo XV, se convirtió al cristianismo estudiando las obras de San Tomás.

En el Concilio de Trento, se colocó en una mesa, junto con las Sagradas Escrituras y los decretos de los Papas, a la Summa Theologica de Santo Tomás para consulta de los teólogos y cardenales.

Teobaldo Thamer, un discípulo de Melanchton (el más famoso ayudante de Lutero), abjuró del luteranismo leyendo la Summa mientras la intentaba refutar. Duperron, un calvinista, fue convertido de la misma forma, llegando a ser arzobispo católico de Sens y cardenal. Protestantes como Ueberweg y R. Seeberg se declararon admiradores de Santo Tomás. Alfred Mortimer, uno de los principales teólogos anglicanos, llamó a la Summa "la más simple y la más perfecta síntesis de la teología universal". Universidades no católicas como Oxford, Amsterdam y Harvard abrieron gran cantidad de cursos sobre la doctrina tomista.

Por bula de San Pío V de 1567, se le concedió al reino de Sicilia honrar a Santo Tomás de Aquino como su santo patrono.

El papa León VIII ordenó que los escritos del Aquinate fueran estudiados por todos los que estudian teología.

El 11 de abril de 1567 fue proclamado Doctor de la Iglesia por San Pío V en la Constitución Mirabilis Deus. El mismo Papa en 1570 ordena una edición de las obras completas del Santo, será la edición Piana, 18 volumenes en folio, editados entre 1570 y 1571.

Sixto V mandó pintar una imagen del Doctor Angélico en la Biblioteca Vaticana: sobre la palma de la mano izquierda soporta la Iglesia, con su mano derecha empuña una pluma en actitud de escribir, y del sol de su pecho irradian rayos de potente luz sobre la Iglesia, en medio de esta inscripción: S. Thomae de Christo scripta a Christo crucifixo probantur.

En 1594 Clemente VIII recomienda a la Compañía de Jesús la adhesión a la doctrina del aquinate. En 1603 declara a Santo Tomás de Aquino patrono de Nápoles. El virrey de Nápoles, don Alfonso Pimentel de Herrera, mandó eregir varios arcos triunfales, entre los que se leen las siguientes inscripciones:

DOCTRINA . SANCTITATE . SUPERLATIVUS . AQUINAS

SAL . TOTIUS . TERRAE . LUX . TOTIUS . MUNDI . ET . CIVITAS . CIVITATUM . QUAE . NON . POTEST . ABSCONDI

ALTER . PAULUS

En 1628 se construyó una magnífica crípta en Toulouse que fue destruida durante la Revolución Francesa, cuando debieron trasladarse los restos del Santo a la Iglesia de Saint-Sernin, donde actualmente reposan en un sarcófago de oro y plata que fue bendecido en forma solemne por el Cardenal Desprez, el 24 de Julio de 1878.

El 23 de Abril de 1718 Clemente XI da su solemne aprobación a los estatutos de la Academia de Santo Tomás en Roma mediante la Constitución Inscrutabili.

El 14 de febrero de 1730 Benedicto XIII mandó a los Carmelitas Descalzos de la Provincia de Castilla seguir la doctrina de Santo Tomás como luz de la Iglesia.

También durante la Revolución Francesa, el brazo derecho que se guardaba en la Universidad de París (originalmente en la Capilla Real de Santo Tomás custodiada por los dominicos) debió ser trasladado a la Iglesia dominica de Santa María Sopra Minerva en Roma.

León XIII lo llamó: "el más Docto de los Santos y el más Santo de los Doctores". El 4 de agosto, solemnidad de Santo Domingo, de 1879, en la Encíclica Aeternis Patris (palabras con las que comienza el Compendium Theologiae), propuso la restauración de la filosofía y la teología católica sobre la base de la doctrina de Santo Tomás, a quien llamó "príncipe y maestro de todos los doctores escolásticos". En seguida, se recibieron de todo el mundo cartas de apoyo por la iniciativa del Papa: el Cardenal Prefecto para la Congregación de los Estudios, el Cardenal Arzobispo de Nápoles y sus sufragáneos, el Cardenal Obispo de Verona y demás obispos venetos, el Cardenal Arzobispo de Westminster y sus sufragáneos, el Cardenal Arzobispo de Burdeos, el Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente, el Arzobispo de Vercelli y demás de su provincia, el Arzobispo de Adrianópolis y los socios de la Academia de Santo Tomás en Perusa, el Arzobispo de Montral y su clero diocesano, el Arzobispo de Génova, el de Módena y sus sufragáneos, el de Udine, el de Palermo, el de Cagliari y sus sufragáneos, el de Luca, el de Sens y sus sufragénos, el de Avignon, el de Granada, el de Salzburgo y demás de su provincia, el Cardenal Arzobispo de Malinas y demás obispos belgas, y muchos obispos de todo el mundo.

El 15 de Octubre de 1878 proclama su intención de restaurar la Academia Romana de Santo Tomás de Aquino y publicar las obras completas, mediante la Carta Jampridem. El 18 de Enero de 1880 en el Motu Proprio Placere Nobis ordena una nueva edición de las obras completas de Tomás, esta será la edición leonina.

El 7 de Marzo del mismo año proclama la necesidad del estudio de la filosofía de Santo Tomás en la Alocución Pergratus Nobis. En el Breve Cum Hoc Sit del 4 de Agosto de 1880, designó al aquinate patrono de todas las universidades, academias, colegios y escuelas católicas alrededor del mundo. El 30 de Diciembre de 1892 invitó a los miembros de la Compañía de Jesús a seguir las enseñanzas de Tomás en el Breve Gravissime Nos. El 25 de Noviembre de 189X invitó a la Orden de los Hermanos Menores (franciscanos) a seguir las enseñanzas tomistas. El 9 de Mayo de 1895 aprobó las nuevas constituciones de la Academia Romana de Santo Tomás por Carta Apostólica Constitutiones. El 8 de Septiembre de 1899 recomienda al clero francés el estudio de Santo Tomás en la Carta Encíclica Depuis Le Jour.

San Pío X también emitió algunos documentos similares: la Encíclica Pascendi (08/09/1907), el Motu Proprio Sacrorum Antistitum (01/09/1910), Motu Proprio Doctoris Angelici (29/06/1914). El 27 de Julio de 1914 se publicaron veinticuatro tesis tomistas a ser aprobadas.

Benedicto XV emite el Motu Proprio Non Multo (31/12/1914) sobre la Romana Academia Santo Tomás de Aquino. La Congregación de los Seminarios y Universidades responde a las veinticuatro tesis tomistas el 7 de Marzo de 1916. El 27 de Mayo de 1917 es promulgado el nuevo Código de Derecho Canónico, en cuyo canon 1366, párrafo 2º, se dice: "Los maestros deberán adherir religiosamente al método, doctrina y principios" de Santo Tomás. Otro documento referido a Tomás es la Encíclica Fausto Appentente Die del 29 de Junio de 1921.

El 1º de Agosto de 1922 Pío XI promulga la Carta Apostólica sobre la Educación del Clero en que recomienda el estudio de Tomás de Aquino. El 29 de Junio de 1923 sale la Encíclica Studiorum Ducem por el VIº Centenario de Santo Tomás. Otra vez se nombra al aquinate en la Constitución Apostólica Deus Scientiarum Dominus (24/05/31), y en Ad Catholici Sacerdotii (20/12/35).

Pío XII se refirio al angélico doctor en: el Discurso a los Estudiantes Eclesiásticos de Roma Sollemnis Conventus (24/06/39), la Carta al Maestro General de la Orden de los Predicadores Quandoquidem Qui Sacris (07/03/42) --en que proclama a Santo Tomás Patrono de Todas las Escuelas--, la Alocución al Nuevo General Electo de la Compañía de Jesús y sus electores Quamvis Inquieti (17/09/46), el Discurso a los Miembros del Congreso Internacional de Estudios Humanísticos De Grand Coeur (25/09/49), la Encíclica Humani Generis (12/08/50), la Alocución al IIIº Congreso Tomista Internacional organizado por la Pontificia Academia Romana Santo Tomás de Aquino Singulari Animi Erga (17/09/50), la Exhortación Apostólica a los Sacerdotes del Mundo Menti Nostrae (23/09/50), en la Carta al Rector de la Pontificia Universidad Gregoriana en el IVº Centenario de su Fundación Opportuno Sane Consilio (12/08/53), Discurso a los Profesores, los Alumnos y Graduados de Pontificia Universidad Gregoriana en su IVº Centenario Animus Noster Guadio (17/10/53), el Discurso a los Miembros del IVº Congreso Tomista Internacional sobre la Filosofía Tomista y el Pensamiento Moderno Nous Vous Souhaitons (14/09/55), el Discurso a la Unión Internacional de Institutos Arqueológicos C'Est Bien Volontiers (09/03/56).

Durante los actos en conmemoración del séptimo centenario de la muerte de Santo Tomás en 1974, el Papa Pablo VI encomendó "una auténtica fidelidad a Tomás". En la Constitución Apostólica Sapientia Christiana de 1979 se recomienda el estudio de la doctrina del aquinate en las facultades de teología en todo el mundo (SCh 78 y 79). El Código de Derecho Canónico, revisado en 1983, dice que Santo Tomás es un maestro que puede llevar a los estudiantes de teología a una mayor penetración en los misterios de la salvación (CIC 252, 3). Finalmente, en 1998, la Carta Encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II dedica una extensa porción al Doctor Angélico.


Devociones populares:

Un capítulo interesante de la vida de Santo Tomás, o más precisamente de la etapa posterior a su muerte, es la de las devociones populares que se fueron asociando a su figura:

  • patrono de los académicos y de las academias católicas, patrono de las universidades, de los colegios y de las escuelas, patrono de los apologetas, filósofos y teólogos, patrono del aprendizaje y de los estudiantes, de los vendedores de libros y de los editores, y de los fabricantes de lápices, se vinculan a su extraordinaria labor intelectual por la que fue nombrado Doctor de la Iglesia Universal;
  • protector contra las tormentas y los rayos se relaciona a la historia según la cual su hermana menor falleció víctima de un relámpago, hecho que traumatizó a Tomás quien buscaría refugio en las iglesias al ver aproximarse una tormenta;
  • patrono de la castidad se debe a los hechos ocurridos en el castillo de su familia al ser raptado por sus hermanos y tentado por una prostituta con el fin de que abandone su deseo de ingresar a la orden de Santo Domingo, y que culminó con la expulsión de la mujer y el sueño en que unos ángeles le entregaron una estola como signo de castidad perpetua.

Si bien la popularidad de Santo Tomás no es la de los santos "milagreros", principalmente sus hermanos de Orden han llevado su recuerdo a todos los sitios donde se asentaron y es posible encontrar imágenes suyas en diversas iglesias y capillas aún lejos de los centros universitarios a los que comúnmente se lo asocia.

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